Bolivia frente al límite: del diagnóstico a la ejecución

La crisis económica boliviana ya no enfrenta un problema de diagnóstico, sino de ejecución. Esta es una de las principales conclusiones que deja el análisis del economista Gary Antonio Rodríguez Álvarez, quien advierte que el país dispone de poco margen para seguir postergando decisiones mientras se reduce la ventana de oportunidad para recuperar crecimiento, inversión y productividad.
El planteamiento tomó fuerza durante el Foro Económico 2026 “Reconstruir sin ensayar – Bolivia no tiene margen para probar suerte”, organizado por CAINCO el 4 de septiembre. El encuentro reunió a empresarios, autoridades y especialistas internacionales alrededor de una misma preocupación: cómo transformar el diagnóstico de la crisis en decisiones concretas capaces de reactivar la economía.
“Se sabe lo que hay que hacer para superarla, pero hace falta tomar decisiones y un fuerte compromiso con el país.”
El desafío de pasar a la acción
Durante la apertura del foro, el presidente de CAINCO, Jean Pierre Antelo Dabdoub, cuestionó la continuidad de una forma de hacer política que, pese al cambio de gobiernos y autoridades, mantiene obstáculos para la actividad productiva. Su planteamiento apuntó a la necesidad de acelerar las decisiones y generar condiciones para que empresas, trabajadores e inversionistas puedan ampliar su participación en la economía.
La propuesta se concentró en cuatro frentes: construir un Estado habilitador, adoptar decisiones completas, imprimir mayor velocidad a la gestión pública y avanzar en reformas estructurales. Hidrocarburos, minería, inversiones y alianzas público-privadas aparecen entre los sectores donde, según el planteamiento expuesto, las modificaciones ya no deberían abordarse mediante medidas parciales.
“Gobernar no es solo saber qué hay que hacer, sino tener la capacidad de hacerlo cuando hacerlo cuesta.”
Productividad y exportaciones como eje
El foro también incorporó una perspectiva internacional con la participación de los economistas Xavier Sala-i-Martín, Piero Ghezzi y Raphael Bergoeing. Desde diferentes experiencias, los tres coincidieron en la importancia de priorizar políticas que eleven la productividad, destraben la actividad empresarial y permitan una inserción más efectiva en los mercados internacionales.
Sala-i-Martín puso el foco en la necesidad de reducir la dispersión de objetivos y concentrar los esfuerzos en acciones concretas. Para el economista español, el desarrollo está relacionado con productividad, exportaciones, crecimiento y educación, elementos que requieren una estrategia de largo plazo y capacidad de ejecución.
“Quien tiene 20 prioridades, no tiene ninguna.”
Piero Ghezzi, exministro de la Producción de Perú, presentó la experiencia de las Mesas Ejecutivas como mecanismo de coordinación público-privada para resolver obstáculos específicos. Su planteamiento parte de una premisa: las empresas conocen directamente los problemas que frenan su actividad, mientras que el Estado necesita mecanismos para identificarlos y actuar sobre ellos con mayor precisión.
Raphael Bergoeing, ex presidente de la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad de Chile, abordó la importancia de priorizar sectores y mantener una dirección clara para mejorar la productividad. Su experiencia planteó otro elemento relevante para Bolivia: las reformas necesitan continuidad suficiente para generar resultados y convertirse en una política de Estado.
“Para ser como Suecia, primero parécete a Suecia.”
El Gobierno frente al reclamo empresarial
El cierre del foro estuvo marcado por la entrega del Libro Blanco de la Recuperación Económica de Bolivia al presidente Rodrigo Paz Pereira. Ante empresarios y autoridades, el mandatario planteó la necesidad de reconstruir el país y anunció que buscará respaldo legislativo para aprobar un paquete de leyes y reformas, además de avanzar en una redistribución de recursos y una nueva estructura territorial.
Sin embargo, el análisis de Rodríguez identifica una tensión central: mientras el país necesita respuestas inmediatas, el debate político continúa concentrándose parcialmente en la explicación del pasado. El desafío consiste ahora en traducir las propuestas en decisiones que puedan modificar las condiciones de inversión, producción y generación de empleo.
“¿Qué vamos a reconstruir, si destrozaron al país?”
Una ventana de oportunidad que se estrecha
La conclusión de la columna apunta a una advertencia de fondo: Bolivia conoce buena parte de los problemas que enfrenta y también cuenta con propuestas para abordarlos, pero el tiempo disponible para actuar no es ilimitado.
La discusión económica, por tanto, deja de estar centrada únicamente en identificar qué necesita cambiar y pasa a una pregunta más exigente: quién está dispuesto a tomar las decisiones, con qué velocidad y bajo qué condiciones de continuidad. Para el sector privado, la previsibilidad, las reglas claras y la capacidad del Estado para ejecutar reformas serán determinantes para convertir el potencial productivo del país en inversión, exportaciones y crecimiento.
“A Bolivia se le acaba el tiempo y no queda margen ya para probar suerte.”
