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De Bolivia a Nueva York: la apuesta de dos emprendedores por automatizar RRHH con IA

Lo que comenzó como una búsqueda para entender mejor el comportamiento de los trabajadores terminó convirtiéndose en una apuesta por transformar la operación de Recursos Humanos con inteligencia artificial. Los bolivianos Miho Shoji y Alfredo Jaldin fundaron Moodbit en Nueva York en 2018 y, en menos de una década, llevaron la compañía desde el análisis de clima laboral hasta el desarrollo de agentes de IA capaces de ejecutar tareas dentro de los sistemas empresariales.

La trayectoria de ambos comenzó años antes de la actual ola de IA generativa. En 2010 crearon Nekki LLC, enfocada en estrategias de comunicación, y durante un proyecto observaron cómo el traslado de unos 500 trabajadores a una nueva oficina afectaba su productividad. La experiencia llevó a Shoji a buscar mecanismos para medir en tiempo real el estado de los equipos, en lugar de depender exclusivamente de encuestas periódicas.

De esa necesidad nació Moodbit. Su primera solución utilizaba procesamiento de lenguaje natural y análisis de sentimientos sobre las comunicaciones internas para identificar señales relacionadas con el estado de los equipos. Con el tiempo, la plataforma incorporó información de RRHH, generación de reportes y recomendaciones, hasta evolucionar hacia herramientas capaces de asistir en contratación, reuniones y gestión de empleados.

“La evolución de Moodbit refleja un cambio clave en RRHH: la IA deja de limitarse a analizar información y comienza a ejecutar procesos empresariales.”

El salto estratégico llegó con la incorporación de modelos de lenguaje y agentes autónomos. La diferencia frente a un chatbot tradicional es relevante para las empresas: estos sistemas no se limitan a entregar respuestas, sino que pueden interpretar una solicitud, determinar qué herramientas necesitan y ejecutar acciones. Moodbit señala que sus agentes pueden integrarse con plataformas como Workday, Slack, Microsoft 365 y Salesforce, manteniendo registros de las operaciones para permitir supervisión humana.

Ese cambio coloca a Moodbit en una tendencia que interesa directamente a las áreas ejecutivas: pasar de utilizar IA como herramienta de consulta a emplearla como infraestructura operativa. En el caso de RRHH, esto significa automatizar procesos que van desde la incorporación de nuevos empleados hasta determinadas tareas administrativas, reduciendo la carga manual que tradicionalmente exige coordinar información entre múltiples sistemas.

La evolución también ha comenzado a traducirse en respaldo institucional y financiero. En 2025, Moodbit fue seleccionada entre las 29 startups que participaron en el programa Inclusive & Sustainable Ventures de Morgan Stanley. El programa contempló una inversión de US$250.000 para cada startup, además de mentoría y recursos para acelerar su crecimiento.

“De una startup nacida de un problema de clima laboral a una plataforma respaldada por Morgan Stanley: Moodbit muestra cómo el talento boliviano puede competir en mercados globales de tecnología empresarial.”

La compañía también consiguió visibilidad en el ecosistema tecnológico de Nueva York. Miho Shoji ganó en 2024 la TiE Women Pitch Competition de Nueva York, mientras que posteriormente Moodbit apareció en una pantalla de Nasdaq en Times Square como parte de su participación en el programa de Morgan Stanley.

En términos de escala, Moodbit afirma que actualmente sus soluciones son utilizadas por más de 1.000 equipos empresariales y que su infraestructura puede automatizar hasta 80% de las tareas rutinarias y recuperar 11,2 horas semanales por empleado. Estas cifras corresponden a estimaciones comunicadas por la propia compañía y no deben interpretarse como resultados independientes auditados.

La historia de Shoji y Jaldin refleja, además, un cambio en la propia naturaleza del mercado de tecnología empresarial. Moodbit ya no compite únicamente en el terreno de los sistemas de RRHH: su propuesta busca convertirse en una capa de automatización capaz de conectar aplicaciones, ejecutar procesos y reducir el trabajo administrativo que ocurre entre ellas.

Para Bolivia, el caso tiene una lectura adicional. El origen de sus fundadores demuestra que el capital humano latinoamericano puede construir compañías de software orientadas a mercados globales desde ecosistemas tecnológicos como Nueva York. Pero para el mercado empresarial, la pregunta más relevante es otra: cuánto valor podrán capturar las organizaciones que consigan convertir agentes de IA en parte de su infraestructura operativa, y no simplemente en herramientas experimentales.

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