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Bloqueos en carreteras: el alto costo diario que enfrenta el sector exportador boliviano

La interrupción del tránsito en las principales carreteras del país se ha convertido en un problema crítico para el comercio exterior boliviano. De acuerdo con estimaciones del sector exportador, cada jornada de bloqueos representa pérdidas cercanas a 2,5 millones de dólares, una cifra que refleja no solo el freno a las exportaciones, sino también el incremento de costos logísticos y operativos.

Este escenario afecta directamente a la competitividad de Bolivia en los mercados internacionales, especialmente en un contexto donde la continuidad y la puntualidad son factores clave para mantener contratos y relaciones comerciales.

El impacto no se limita a cifras macroeconómicas. Aproximadamente 600 camiones de carga permanecen detenidos o con rutas restringidas, transportando productos estratégicos como derivados de la soya, girasol y caña, además de granos, cereales, carne, madera y manufacturas industriales.

«»Cada día de bloqueo representa alrededor de 2,5 millones de dólares en pérdidas para el sector exportador boliviano.»

Muchos de estos productos son perecederos o dependen de cronogramas estrictos de entrega. Cada día de retraso aumenta el riesgo de pérdidas adicionales, penalidades contractuales y deterioro de la imagen del país como proveedor confiable.

El monitoreo en tiempo real de la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) muestra la extensión del conflicto: hasta la tarde del jueves se registraban 36 puntos de bloqueo activos en distintas rutas del país. Esta dispersión de cierres dificulta la planificación de rutas alternativas y genera cuellos de botella que afectan tanto al transporte pesado como al abastecimiento interno.

La situación se agrava en regiones clave para la logística nacional, como El Alto, donde los bloqueos tienen un efecto dominó sobre el flujo comercial hacia y desde los principales centros productivos.

Desde el sector exportador se advierte que el país atraviesa un momento en el que producir y exportar es fundamental para sostener la economía, generar divisas y preservar empleos. La paralización de carreteras no solo detiene mercancías, sino que también interrumpe cadenas productivas completas, desde el productor primario hasta el cliente final en el exterior.

«Más de 600 camiones con productos clave permanecen detenidos, afectando contratos, entregas y la imagen del país.»

En este contexto, se plantea la necesidad de que las autoridades actúen dentro del marco legal para garantizar la libre transitabilidad, equilibrando el derecho a la protesta con la continuidad de actividades económicas esenciales.

Si los bloqueos se prolongan, el daño podría trascender lo inmediato. Los compradores internacionales suelen buscar proveedores con estabilidad logística, y episodios recurrentes de interrupciones pueden llevar a la pérdida de mercados, reducción de volúmenes exportados y renegociaciones desfavorables.

Además, el sobrecosto generado por rutas más largas, almacenamiento no planificado y retrasos termina trasladándose a toda la economía, encareciendo productos y reduciendo márgenes para empresas ya presionadas por el contexto económico.

La actual coyuntura pone en evidencia un problema estructural: la alta dependencia del transporte terrestre y la vulnerabilidad del comercio exterior ante conflictos internos. Más allá de la solución inmediata, el debate abre la puerta a reflexionar sobre la necesidad de mejorar la gestión logística, diversificar rutas y fortalecer mecanismos de prevención de crisis que eviten impactos tan severos en el futuro.

En definitiva, los bloqueos no solo detienen carreteras; también frenan oportunidades, ingresos y el posicionamiento internacional de Bolivia como país exportador.

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