Tecnología

Nuevas amenazas de ciberseguridad: un desafío estratégico para empresas en Bolivia y el mundo

La transformación digital, acelerada por la pandemia y la adopción masiva de tecnologías, ha colocado a empresas de todos los tamaños frente a un escenario crítico: la protección de sus activos digitales. En Bolivia y a nivel global, las organizaciones enfrentan un panorama de ciberamenazas que evolucionan constantemente, desde ransomware y phishing hasta ataques impulsados por inteligencia artificial (IA). Ante esta realidad, la seguridad digital deja de ser un tema técnico para convertirse en una prioridad estratégica y de gestión empresarial.

La exposición digital se ha diversificado y sofisticado. En Bolivia, cerca del 70% de las pymes carece de preparación ante ciberataques, en parte por la falta de infraestructura tecnológica y la percepción errónea de que su tamaño las protege de los ciberdelincuentes. Sin embargo, las estadísticas globales demuestran que las pequeñas y medianas empresas son blanco preferido debido a su inversión limitada en seguridad y la valiosa información que manejan.

Factores como contraseñas débiles, dispositivos desactualizados y ausencia de políticas de resguardo de datos incrementan el riesgo. Sectores como banca, salud, educación y comercio electrónico son especialmente vulnerables, sobre todo en un contexto de digitalización acelerada. Según la Oficina de Seguridad del Internauta (España) y la Organización de Estados Americanos (OEA), los ataques a organizaciones aumentaron más de 25% en los últimos tres años, un indicador claro de la urgencia de reforzar la seguridad.

El ransomware continúa siendo una amenaza prominente: cifra información crítica y exige rescate económico, con pérdidas que pueden superar los 120.000 dólares por incidente, sin considerar los daños reputacionales. Pero la introducción de la IA ha cambiado la dinámica: mientras permite detección más rápida y automatizada de amenazas, también potencia ataques más sofisticados y veloces. Esta dualidad convierte a la IA en un arma de doble filo, dependiendo de quién la utilice.

“Cerca del 70% de las pymes bolivianas carece de preparación ante ciberataques.” – Walter Jaime Mayorga

Los llamados «delincuentes 2.0» emplean técnicas avanzadas —phishing, hacking, malware— para robar información, cometer fraudes y ejercer ciberacoso o sextorsión. Hoy, el 70% de los ataques involucra al menos tres superficies de ataque diferentes (redes, nube y factores humanos), mientras que el 44% se inicia a través de navegadores web, lo que evidencia que cualquier actividad digital cotidiana puede convertirse en una vulnerabilidad crítica.

Proteger los activos digitales requiere más que instalar antivirus: es necesaria una estrategia integral que combine tecnología, capacitación y políticas de seguridad. Modelos como Zero Trust, que eliminan la confianza implícita y exigen verificación continua de usuarios y dispositivos, se perfilan como herramientas esenciales. Asimismo, la automatización mediante IA permite identificar patrones anómalos y ejecutar acciones preventivas en segundos.

La capacitación continua y la consolidación de una cultura de ciberhigiene son igualmente fundamentales. Empleados entrenados en reconocer correos sospechosos, proteger credenciales y actualizar sistemas reducen significativamente los riesgos. La educación corporativa se convierte así en la primera línea de defensa frente a errores humanos que podrían costar millones.

Mientras las amenazas tecnológicas avanzan, la legislación en Bolivia se ha quedado rezagada. La falta de actualización del Código Penal y la inexistencia de normas modernas limitan la capacidad de sancionar delitos como ciberespionaje, sextorsión o robo masivo de datos. La creación de leyes específicas y la capacitación de juristas especializados en evidencia digital son pasos urgentes para reducir la impunidad en la era digital.

El desafío de la ciberseguridad en Bolivia refleja un fenómeno global: la tecnología ofrece oportunidades y riesgos a la vez. Para las empresas, no basta con invertir en sistemas; deben integrar estrategias de seguridad tecnológica, capacitación constante y políticas de ciberhigiene, así como exigir un marco legal actualizado. Solo de esta manera podrán proteger sus activos, su reputación y garantizar la continuidad de sus operaciones en un mundo cada vez más digital y vulnerable.

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