Merge Labs y la nueva frontera cerebral: la apuesta de Sam Altman y OpenAI por conectar la mente con la máquina

La frontera entre la mente humana y la tecnología comienza a redefinirse con la aparición pública de Merge Labs, una startup de neurotecnología cofundada por Sam Altman y respaldada por OpenAI, que salió del anonimato con 252 millones de dólares en financiación. El proyecto busca desarrollar interfaces cerebro-computadora capaces de leer y modular la actividad cerebral mediante ultrasonidos, sin recurrir a implantes invasivos, una propuesta que podría cambiar el rumbo de esta industria emergente.
A diferencia de iniciativas como Neuralink, de Elon Musk, Merge apuesta por un enfoque menos intrusivo: interpretar la actividad neuronal de forma indirecta a través del flujo sanguíneo cerebral, utilizando moléculas y señales ultrasónicas en lugar de electrodos. Este método apunta a reducir riesgos médicos y ampliar el acceso a tecnologías BCI, cuyo objetivo final es integrar biología, dispositivos e inteligencia artificial en sistemas utilizables a gran escala.
“La inteligencia artificial permitirá interpretar intenciones y señales neuronales limitadas de manera confiable.” – Merge Labs
La inteligencia artificial es un pilar central del proyecto. OpenAI colaborará en el desarrollo de modelos capaces de interpretar señales cerebrales complejas, adaptarse a cada usuario y traducir intenciones humanas en acciones digitales. Esta combinación de IA y neurociencia podría ampliar las capacidades actuales de las BCI, hoy limitadas a funciones básicas como mover cursores o prótesis, hacia aplicaciones más sofisticadas en salud, comunicación y rehabilitación neurológica.
Merge Labs surge como una derivación de Forest Neurotech, una organización sin fines de lucro enfocada en trastornos mentales y lesiones cerebrales, que continuará operando en paralelo. Aunque la empresa aún no ha definido aplicaciones comerciales concretas, su enfoque sugiere un futuro donde las interfaces cerebro-computadora no solo transformen la medicina, sino también la relación entre humanos y máquinas, abriendo un debate clave sobre ética, privacidad y los límites de la integración tecnológica.
