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Mattel lanza una Barbie autista y refuerza su apuesta por la inclusión

La industria del juguete ha comenzado a reconocer su papel en la construcción de imaginarios sociales y en la representación de la diversidad desde edades tempranas. Las marcas enfrentan el reto de traducir sus compromisos en productos concretos que reflejen la pluralidad de experiencias humanas, sin caer en estereotipos ni narrativas simplistas.

En este contexto, Mattel anunció el lanzamiento de una Barbie autista, una incorporación clave a su línea Barbie Fashionistas, concebida para visibilizar la diversidad neurológica. El desarrollo de esta muñeca tomó más de 18 meses y se realizó en colaboración con la Red de Autodefensa del Autismo (Autistic Self Advocacy Network), con el objetivo de crear una representación respetuosa y realista de cómo algunas personas autistas experimentan e interactúan con el mundo. El diseño de la Barbie autista partió de un principio fundamental: el autismo no es una condición homogénea. “Como muchas discapacidades, el autismo no se manifiesta de una sola manera”, explicó Noor Pervez, gerente de participación comunitaria de la Autistic Self Advocacy Network, quien trabajó estrechamente con Mattel en el prototipo. Este enfoque llevó a priorizar rasgos que evocan experiencias comunes, sin pretender representar a toda la comunidad.

La inclusión auténtica en la empresa no se comunica: se diseña, se investiga y se integra estratégicamente al modelo de negocio y a la cultura organizacional.

Entre los elementos más visibles se encuentra la mirada ligeramente desviada de la muñeca, que alude a que algunas personas autistas evitan el contacto visual directo. Asimismo, los codos y muñecas articulados reconocen gestos como el aleteo de manos o la estimulación repetitiva, prácticas que pueden ayudar a procesar la información sensorial o expresar emociones.

La vestimenta también fue objeto de un análisis cuidadoso. El equipo debatió entre ropa ajustada y holgada, considerando la sensibilidad sensorial que experimentan muchas personas autistas. Finalmente, se optó por un vestido de corte A con mangas cortas y falda vaporosa, diseñado para minimizar el roce con la piel y ofrecer comodidad. Desde 2023, la línea Barbie Fashionistas ha incorporado figuras con síndrome de Down, diabetes tipo 1, prótesis, audífonos, vitíligo y diversidad de cuerpos. Lejos de ser una colección fragmentada, esta evolución responde a una estrategia de largo plazo orientada a normalizar la diferencia como parte del mercado, no como excepción. Para el sector privado, este enfoque ofrece una lección relevante: la RSE integrada al core del negocio permite construir consistencia narrativa, fortalecer la cultura organizacional y generar ventajas competitivas sostenibles.

Mattel demuestra que la diversidad, gestionada con rigor y conocimiento, puede impulsar innovación, diferenciación competitiva y sostenibilidad empresarial.

En un contexto económico donde la confianza es un activo escaso, iniciativas como esta contribuyen a reforzar la licencia social para operar. La inclusión, entendida estratégicamente, impacta en la percepción de marca, en la lealtad de los consumidores y en la atracción de talento, especialmente entre generaciones que valoran la coherencia ética y el propósito empresarial. Al mismo tiempo, reduce riesgos asociados a crisis reputacionales derivadas de representaciones excluyentes o desconectadas de la realidad social.

El caso de la Barbie autista ilustra cómo la Responsabilidad Social Empresarial puede trascender la filantropía y convertirse en una palanca de innovación, reputación y sostenibilidad. Cuando las empresas reconocen su influencia cultural y la gestionan con responsabilidad, la RSE deja de ser un costo o un relato accesorio para consolidarse como una inversión estratégica alineada con el futuro del negocio y con las expectativas de una sociedad en transformación.

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