YPFB proyecta cubrir el 80% de la demanda con producción propia: ¿solución estructural o alivio temporal?

En un contexto marcado por cuestionamientos sobre el abastecimiento y la calidad de los combustibles, YPFB anunció una meta ambiciosa: cubrir hasta el 80% de la demanda nacional mediante producción en refinerías locales. La medida se enmarca en la aprobación del Decreto Supremo N° 5548, que autoriza de manera excepcional la importación de petróleo crudo para enfrentar la actual emergencia energética.
La decisión no solo apunta a resolver tensiones coyunturales, sino que abre un debate más amplio sobre sostenibilidad fiscal, dependencia externa y el futuro del sector hidrocarburífero boliviano.
El plan operativo contempla que las refinerías trabajen al 95% de su capacidad instalada. Para ello, la estatal deberá optimizar el funcionamiento de plantas estratégicas como la Refinería Guillermo Elder Bell en Santa Cruz y la Refinería Gualberto Villarroel en Cochabamba. El objetivo es claro: reemplazar la importación de gasolina terminada por la importación de crudo, que luego será procesado en el país.
El Decreto Supremo 5548 fija temporalmente el IEHD en cero para los productos resultantes del crudo importado.
Desde la perspectiva técnica, esta estrategia permitiría aprovechar infraestructura ya existente —refinerías y ductos— reduciendo costos logísticos y mejorando la eficiencia operativa. Además, se identificaron tres puntos clave para el ingreso del crudo: el oleoducto Arica–Sica Sica desde Chile, el paso fronterizo de Pocitos en Yacuiba y la zona de Tigüipa. Esta diversificación logística busca minimizar riesgos de interrupción en el suministro.
Sin embargo, la medida incorpora variables financieras relevantes. Los contratos contemplarán costos de flete, calidad del crudo, pagos diferidos a 120 días y riesgos asociados al mercado internacional. Esto implica que, aunque el país procese más internamente, seguirá expuesto a la volatilidad externa.
El decreto también establece que, de manera temporal, el Impuesto Especial a los Hidrocarburos y sus Derivados (IEHD) se fijará en cero para los productos resultantes. Si bien esto facilita la operatividad en el corto plazo, también reduce ingresos fiscales en un contexto de presión sobre las finanzas públicas.

Analistas económicos señalan que el principal beneficio inmediato es garantizar continuidad en el abastecimiento y disminuir la presión por importar combustibles refinados, generalmente más costosos. No obstante, advierten que la medida no resuelve el problema estructural de fondo: la caída en la producción nacional de hidrocarburos y la limitada inversión en exploración.
En términos estratégicos, la pregunta clave es si esta política representa un puente hacia una mayor autosuficiencia energética o si consolida una nueva forma de dependencia, ahora centrada en la importación de materia prima en lugar de producto final.
La proyección de cubrir hasta el 80% de la demanda con producción propia marca un giro operativo importante para YPFB. El aprovechamiento intensivo de la capacidad instalada puede generar eficiencia y alivio inmediato en el abastecimiento.
Sin embargo, el desafío va más allá de operar refinerías al 95%. La sostenibilidad del sector energético dependerá de políticas que impulsen exploración, producción interna y estabilidad fiscal. Sin una estrategia integral, la sustitución de importaciones podría convertirse en una solución transitoria más que en una transformación estructural del modelo energético boliviano.
