Coyuntura

Arancel cero y fin del subsidio a los carburantes: un nuevo escenario de costos para el agro cochabambino

El Decreto Supremo 5503 marca un punto de inflexión en la política económica aplicada al sector productivo boliviano. La eliminación de aranceles para la importación de maquinaria, equipos e insumos, junto con el levantamiento de la subvención a los combustibles, ha sido recibida por el agro cochabambino como una señal de cambio estructural. Más allá del alivio inmediato en costos, el sector interpreta la medida como un intento de reconfigurar las reglas de competitividad y producción en un contexto económico complejo.

Desde la perspectiva de la Cámara Agropecuaria de Cochabamba (CAC), el alcance del decreto va mucho más allá de un incentivo tributario puntual. La norma introduce un marco que facilita la importación de bienes estratégicos —como maquinaria industrial, repuestos, fertilizantes y otros insumos clave— sin la carga de gravámenes aduaneros, lo que impacta directamente en la estructura de costos del sector agropecuario.

Con insumos a precios competitivos y acceso ágil a mercados, el agro puede volver a desempeñar un rol central en la reactivación económica.

Según representantes de la CAC, esta liberación tributaria permite reducir el gasto operativo y mejorar la competitividad, tanto para el abastecimiento del mercado interno como para la producción destinada a la exportación. En regiones como el trópico de Cochabamba, donde algunos rubros importan insumos por millones de dólares al año, la medida representa un alivio significativo, aunque no compensa por completo otros factores de presión, como el incremento del salario mínimo o los costos logísticos.

Uno de los aspectos más valorados por el sector es la posibilidad de importar insumos de forma directa, sin intermediarios ni trámites excesivos. La expectativa es que la simplificación administrativa reduzca demoras que, en el pasado, afectaron especialmente a productos perecibles. En ese sentido, el decreto no solo reduce costos financieros, sino también tiempos y riesgos operativos.

El segundo eje de la norma —el levantamiento de la subvención a los carburantes— ha tenido efectos inmediatos en el mercado informal de combustibles. De acuerdo con el sector productivo, la nivelación de precios contribuyó a desarticular el contrabando de diésel y gasolina, fenómeno que llegó a distorsionar severamente los costos de producción. En momentos críticos, los productores se vieron obligados a adquirir combustible a precios muy superiores a los oficiales, lo que encarecía de forma artificial toda la cadena productiva.

Experiencias como la carnetización de productores, impulsadas desde el propio sector, ayudaron a ordenar el acceso a volúmenes regulados de combustible. Sin embargo, el consenso es claro: la escasez convierte cualquier insumo en el más caro del mercado. En ese sentido, garantizar disponibilidad resulta tan relevante como fijar precios.

El impacto de estas medidas también se refleja en el desempeño exportador del agro cochabambino. Actualmente, el trópico genera alrededor de 100 millones de dólares anuales en exportaciones, con la banana como principal producto, destinada mayoritariamente al mercado argentino. A esta oferta se suman la piña, el palmito y productos enlatados que llegan a mercados de Europa y Norteamérica, además de nuevas aperturas hacia Chile.

Un rubro emergente es la exportación de flores, que ya ha iniciado envíos a Turquía, aunque todavía en volúmenes reducidos debido a limitaciones logísticas. Las proyecciones del sector apuntan a que, con mejores condiciones de suministro, seguridad jurídica y libre transitabilidad, la producción podría recuperarse plenamente en 2026.

El Decreto Supremo 5503 marca un punto de inflexión en la política económica aplicada al sector productivo boliviano.

La CAC estima que, bajo un escenario favorable, el crecimiento del sector podría acercarse al 20% en la próxima gestión, compensando la contracción registrada en 2025, marcada por la falta de diésel y los bloqueos. El mensaje del sector es claro: con insumos a precios competitivos y acceso ágil a mercados, el agro puede volver a desempeñar un rol central en la reactivación económica.

El Decreto Supremo 5503 introduce un cambio relevante en la relación entre el Estado y el sector productivo. La combinación de arancel cero para bienes estratégicos, ajustes en la política de combustibles y mecanismos de facilitación comercial configura un entorno más orientado a la eficiencia y la competitividad. Aunque persisten desafíos estructurales, el agro cochabambino interpreta estas medidas como una oportunidad para recuperar producción, fortalecer exportaciones y consolidarse nuevamente como uno de los pilares del crecimiento económico nacional.

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