Bolivia entra al Best 50 mundial del cacao fino

La competencia por el segmento de cacao fino ya no se juega únicamente en volumen, sino en trazabilidad, genética y consistencia sensorial. En ese terreno, Bolivia acaba de enviar una señal estratégica: dos muestras clasificadas entre las 50 mejores del mundo en los premios organizados por el programa internacional Cacao of Excellence, con medallas regionales de Oro y Plata en Sudamérica.
El resultado no es un dato aislado. En una edición que reunió 191 muestras de 45 países productores, ingresar simultáneamente al Best 50 implica superar filtros técnicos rigurosos —análisis físico del grano, pruebas de corte, control de fermentación y evaluación sensorial internacional— bajo protocolos estandarizados que homogenizan las condiciones antes de la cata final. Es decir, no se premia narrativa territorial, sino desempeño medible en calidad.
“Con 191 muestras de 45 países, ingresar al Best 50 implica superar la preselección técnica global del principal programa internacional de calidad del cacao fino.”
La protagonista boliviana fue la Asociación de Recolectores de Cacao Silvestre Yuracaré (ARCASY), que obtuvo Oro para la comunidad El Carmen y Plata para Santa Rosa de Boca, ambas en territorios indígenas del trópico de Cochabamba. La operación se articula bajo la Denominación de Origen Cacao Nativo Yuracaré, reconocida por el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual. En términos de estrategia sectorial, la combinación de reconocimiento internacional y protección de origen crea una plataforma doble: reputación global y defensa jurídica del diferencial.
Las fichas técnicas refuerzan esa posición. La muestra 281/25 —dominancia genética Criollo, tamaño de grano 154, humedad de 6,6 % y peso promedio de 0,649 gramos— fue tostada a 130 °C durante 14 minutos bajo el protocolo oficial del programa. Su perfil sensorial registró acidez brillante con notas cítricas, base sólida de cacao, dulzor tipo caramelo y matices florales y frutales. La muestra 903/25, también con genética dominante Criollo, destacó por notas de frutas tostadas, frutos rojos y matices herbales y especiados. En mercados especializados, estos atributos no son descriptores estéticos: son variables que determinan primas de precio y contratos diferenciados.
“La doble medalla regional posiciona a Bolivia dentro del circuito internacional de cacao fino y de aroma, con reconocimiento validado por panel sensorial global.”
La ceremonia de premiación se realizó en Ámsterdam, en el marco de la feria internacional Chocoa, uno de los principales puntos de encuentro del comercio global de cacao fino. La ubicación no es menor. Europa concentra una porción significativa de la demanda de chocolate premium y de fabricantes que priorizan trazabilidad y perfiles sensoriales complejos. Estar presente en ese circuito equivale a ingresar a una red de compradores que pagan por calidad verificada, no por commodity.
¿Qué cambia con este resultado? Primero, la narrativa internacional sobre el origen boliviano. Tradicionalmente asociado a producción de nicho, el país consolida su presencia dentro del núcleo técnico que define estándares de excelencia. Segundo, se fortalece la lógica de cadenas cortas y especializadas frente a modelos de intermediación masiva. En un mercado global tensionado por volatilidad de precios y problemas climáticos en África Occidental, la diversificación de orígenes finos gana relevancia estratégica.
“La muestra 281/25 registró 6,6 % de humedad, tamaño de grano 154 y tostado a 130 °C durante 14 minutos, con perfil de acidez brillante y notas cítricas.”
Para productores locales, el reconocimiento abre espacio para capturar mayor valor agregado, siempre que la calidad se mantenga consistente. Para el Estado, la Denominación de Origen se convierte en instrumento económico más que simbólico. Y para compradores internacionales, Bolivia deja de ser un proveedor marginal para integrarse al circuito competitivo del cacao fino y de aroma.
El desafío ahora es de escala y sostenibilidad. Dos muestras en el Best 50 no transforman por sí solas la estructura exportadora, pero sí reconfiguran la percepción del origen. En un mercado donde la diferenciación genética y sensorial define márgenes, el posicionamiento logrado en 2025 podría ser menos un hito puntual y más el inicio de una disputa más amplia por valor en la cadena global del chocolate premium.
