Coyuntura

Bolivia inicia el año con superávit fiscal y señales de reordenamiento económico

El inicio de 2026 trajo una señal poco habitual para las finanzas públicas bolivianas: un resultado fiscal positivo en enero, tras varios años marcados por déficits persistentes. El Gobierno reportó un superávit de Bs 2.300 millones, un dato que no solo contrasta con el saldo negativo registrado en el mismo periodo del año anterior, sino que abre el debate sobre si el país está ingresando en una etapa de mayor disciplina fiscal y estabilización macroeconómica.

Más allá de la cifra puntual, el resultado se inscribe en un contexto de ajustes estructurales, cambios en el manejo del gasto público y una estrategia orientada a recomponer reservas y mejorar la percepción externa de la economía boliviana.

El superávit alcanzado en enero representa aproximadamente medio punto porcentual del Producto Interno Bruto (PIB), un desempeño que, según el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, no se observaba en un primer mes del año desde hace largo tiempo. Este resultado adquiere mayor relevancia si se considera que en enero de 2025 el país había registrado un déficit cercano a los Bs 664 millones, reflejando un giro significativo en la política fiscal.

La mejora en la calificación de riesgo país sugiere un cambio en la percepción sobre la estabilidad económica.

Entre los factores que explican este cambio se encuentra la reducción de gastos considerados poco eficientes, el reordenamiento del presupuesto estatal y la eliminación de la subvención a los combustibles, una medida que tuvo un impacto directo en la disminución del déficit estructural. Estas decisiones forman parte de una estrategia más amplia de ajuste fiscal, orientada a contener presiones sobre las finanzas públicas y sentar bases más sostenibles para el mediano plazo.

El Ejecutivo anticipa que esta tendencia podría extenderse a los próximos meses. Febrero también muestra señales de cerrar con saldo positivo, mientras que marzo y abril —tradicionalmente periodos de mayor recaudación tributaria— podrían consolidar un primer cuatrimestre con resultados fiscales favorables. De confirmarse este escenario, el país podría registrar uno de los arranques de año más sólidos en términos fiscales de la última década.

En paralelo, el Gobierno destacó la evolución de las reservas internacionales. Al cierre de enero, las reservas en divisas del Banco Central de Bolivia alcanzaron los 493 millones de dólares, un nivel que, si bien sigue siendo ajustado, permite atender compromisos externos inmediatos, como el servicio de la deuda. La estrategia oficial apunta a que los recursos provenientes del financiamiento externo no se destinen al gasto corriente, sino a reforzar las reservas y sostener la estabilidad macroeconómica.

Este enfoque ha sido observado por los mercados internacionales. En enero, la calificadora Fitch Ratings mejoró la calificación de riesgo país y asignó una perspectiva positiva, interrumpiendo casi diez años de revisiones a la baja. Aunque la mejora no implica una solución definitiva a los desafíos estructurales, sí sugiere un cambio en la percepción sobre la capacidad del país para ordenar sus cuentas públicas.

Otro elemento relevante es la estabilidad del tipo de cambio, que el Gobierno atribuye a una combinación de control del gasto, mayor disciplina fiscal y acceso a financiamiento externo. Actualmente, Bolivia cuenta con compromisos y desembolsos que superan los 8.000 millones de dólares provenientes de organismos multilaterales como la CAF, el BID, JICA y el Banco Mundial, recursos que buscan respaldar el proceso de estabilización en un entorno internacional todavía incierto.

El superávit fiscal registrado en enero no debe interpretarse únicamente como un dato aislado, sino como un primer indicio de un proceso de reordenamiento económico más amplio. Si bien persisten desafíos estructurales —como la sostenibilidad de las reservas y la dependencia del financiamiento externo—, las cifras iniciales sugieren un cambio en la dirección de la política fiscal.

La clave estará en la consistencia de estas medidas a lo largo del año y en la capacidad del Gobierno para equilibrar ajuste fiscal, crecimiento económico y protección social. En un contexto regional y global complejo, Bolivia parece estar ensayando una nueva etapa de disciplina macroeconómica, cuyos resultados finales dependerán de la continuidad de las reformas y de la evolución del entorno externo.

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