Bolivia y su retorno al escenario global: Davos como señal de apertura

Después de casi dos décadas de distancia ideológica con el Foro Económico Mundial, Bolivia vuelve a Davos con un mensaje distinto. El actual gobierno, encabezado por Rodrigo Paz, plantea una reorientación profunda de su política exterior: pasar de la crítica frontal al sistema financiero internacional a una búsqueda activa de inversión, alianzas y financiamiento para reactivar una economía golpeada.
Durante los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce, la relación con este espacio estuvo marcada por la desconfianza. Davos era visto como el símbolo de un capitalismo excluyente y de intereses que, según el discurso oficial de entonces, atentaban contra la soberanía de los países en desarrollo. Hoy, la narrativa cambia: la prioridad es insertarse en los grandes debates globales sobre transición energética, innovación y desarrollo productivo, con el objetivo de atraer capital y tecnología.
Davos como plataforma para reposicionar al país
La delegación boliviana, liderada por el canciller Fernando Aramayo, llega al foro con una agenda intensa de reuniones bilaterales y participación en paneles vinculados a energía limpia, financiamiento climático y formación de capital humano. El enfoque, según el Gobierno, busca combinar crecimiento económico con sostenibilidad y un modelo centrado en las personas.
Desde el área económica, el ministro José Gabriel Espinoza subrayó que la presencia en Davos responde a la necesidad de “volver a poner a Bolivia en el mapa” y proyectar un clima de confianza hacia los inversionistas. En la misma línea, el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, interpretó la participación en este tipo de espacios como parte de una estrategia de reinserción internacional que ya se reflejaría en algunos indicadores: reducción del riesgo país, mejora en las calificaciones crediticias y una mayor estabilidad cambiaria.
El regreso a Davos simboliza un cambio de época en la política exterior boliviana: del aislamiento crítico a la reinserción pragmática.
El Gobierno destaca que el riesgo país, que en 2025 superó los 2.200 puntos, hoy se ubica en torno a los 640, lo que para las autoridades es una señal de que los mercados y los organismos financieros vuelven a mirar a Bolivia con mayor optimismo. Esta narrativa busca reforzar la idea de que el país atraviesa una etapa de normalización macroeconómica y de apertura al capital externo, en contraste con el periodo de confrontación ideológica previo.
Entre el simbolismo político y los desafíos reales
No obstante, el retorno a Davos no estuvo exento de críticas. Analistas como el economista Germán Molina señalaron que la ausencia del presidente Rodrigo Paz restó peso político a la delegación. En un foro donde los jefes de Estado son los principales protagonistas, su presencia habría permitido explicar directamente el modelo económico que el Gobierno promueve y generar mayor impacto mediático y diplomático.
Aun así, el consenso entre especialistas es que Davos ofrece una vitrina difícil de igualar para un país que busca atraer inversión y reposicionarse en el sistema internacional. Más allá de los discursos, el desafío para Bolivia será traducir esta apertura en proyectos concretos, reglas claras y estabilidad institucional que convenzan a los capitales de largo plazo.
En síntesis, el regreso a Davos simboliza un cambio de época en la política exterior boliviana: del aislamiento crítico a la reinserción pragmática. El foro no garantiza inversiones por sí solo, pero sí marca una señal política potente. Ahora, el reto será que ese giro estratégico se sostenga en el tiempo y se refleje en resultados tangibles para el desarrollo productivo y social del país.
