Coyuntura

Carnaval en Bolivia redefine ingresos regionales y hoteleros

La actividad turística en Bolivia volvió a exhibir su carácter cíclico y vulnerable, pero también su capacidad de recuperación cuando convergen calendario, conectividad y estabilidad relativa. Tras un inicio de año marcado por bloqueos y conflictividad social que afectaron el flujo de visitantes, el feriado de Carnaval funcionó como un test de resistencia para el sector receptivo.

La evaluación positiva realizada por la Cámara Nacional de Operadores de Turismo Receptivo de Bolivia (Canotur) no debe leerse únicamente como un balance coyuntural. El repunte observado en destinos como Oruro, Tarija y Santa Cruz de la Sierra revela un patrón más profundo: la demanda turística, tanto nacional como internacional, permanece latente, pero depende de condiciones logísticas y sociales mínimamente estables para activarse.

El Carnaval genera un movimiento económico de 500 millones de dólares en todo el país, desde los convites y bordados hasta hotelería, transporte y servicios complementarios.

Oruro concentró la mayor atención por el peso histórico y cultural de su Carnaval, evento que cada año articula cadenas de valor vinculadas a hotelería, transporte, gastronomía y servicios turísticos especializados. Sin embargo, el movimiento también se extendió hacia Tarija y Santa Cruz, lo que sugiere una diversificación geográfica del consumo turístico durante feriados largos. Esta distribución territorial es relevante porque reduce la concentración de ingresos en un solo destino y fortalece economías locales que dependen del flujo estacional.

Más allá del efecto puntual del Carnaval, el debate estratégico gira en torno a la conectividad aérea. La habilitación temporal de algunos aeropuertos como internacionales abre una discusión más amplia: Bolivia compite en la región con países que cuentan con múltiples puertas de entrada consolidadas, lo que facilita rutas directas, reduce costos operativos y amplía el abanico de aerolíneas.

Solo en Santa Cruz se estima 68 millones de dólares durante el feriado largo; una parte viaja a provincias, pero la mayoría dinamiza la economía local.

En mercados turísticos maduros, la descentralización aeroportuaria no solo incrementa el arribo de visitantes, sino que también mejora la integración regional y reduce la dependencia de un único hub. Para el turismo receptivo boliviano, avanzar hacia una mayor apertura aérea no es un complemento, sino una condición estructural para crecer en volumen y calidad de visitantes.

El turismo internacional cumple una función macroeconómica que trasciende al sector: genera divisas, dinamiza empleo intensivo en servicios y actúa como multiplicador en economías locales. En un contexto de presión sobre las reservas y desaceleración económica, cada visitante extranjero representa ingreso de moneda dura y demanda de servicios formales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *