Durante años, la promesa de la transformación digital se ha sustentado en una premisa fundamental: acumular y procesar datos para obtener información. Hemos erigido catedrales tecnológicas—bases de datos, data lakes, plataformas analíticas—que, si bien han mejorado la eficiencia, operan bajo un modelo esencialmente reactivo. Están diseñadas para responder a las preguntas que sabemos formular. Pero, ¿qué ocurre cuando las preguntas son impredecibles, los datos son caóticos y la necesidad de actuar es inmediata? Los modelos tradicionales alcanzan su límite.
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