Clinique y Crayola: cuando el maquillaje vuelve a ser un espacio de juego creativo

En un contexto donde la industria de la belleza suele estar dominada por estándares de perfección, corrección y resultados “impecables”, Clinique ha decidido cambiar la conversación. Su reciente alianza con Crayola no solo representa una colaboración entre dos marcas reconocidas, sino una declaración clara sobre cómo entienden hoy la creatividad, la autoexpresión y la relación emocional con el color.
«Clinique propone una nueva mirada sobre el maquillaje: menos reglas, más juego y libertad creativa.»
La campaña, denominada Play with Colour, parte de una idea sencilla pero potente: el maquillaje no tiene que ser perfecto para ser valioso. Al contrario, puede ser un espacio de exploración, juego y descubrimiento personal, muy en línea con la filosofía que Crayola ha promovido durante décadas en el mundo infantil y creativo.
El color como herramienta, no como regla
Uno de los aspectos más interesantes de esta iniciativa es la manera en que Clinique resignifica su línea Chubby Sticks. Estos productos, tradicionalmente asociados a la practicidad y al uso diario, pasan a presentarse como instrumentos lúdicos, pensados para experimentar sin miedo al error. La incorporación de nuevas tonalidades “a prueba de fallos” refuerza esta idea y reduce la presión que muchas personas sienten al maquillarse.
Además, el uso dual de los productos aptos tanto para labios como para mejillas responde a una tendencia creciente en el mercado: consumidores que buscan versatilidad, sencillez y libertad de uso, especialmente entre públicos jóvenes que priorizan la autenticidad sobre la técnica perfecta.
Experiencias que conectan con la imaginación
Más allá del producto, la campaña destaca por su enfoque experiencial. Clinique no se limita a lanzar nuevos tonos o empaques, sino que construye espacios donde el color se vive de forma activa. Activaciones en tiendas, pruebas inmersivas, paredes para colorear y talleres creativos transforman el punto de venta en un entorno participativo, alejándolo del modelo tradicional de exhibición pasiva.
«La campaña busca conectar con una generación que entiende la belleza como expresión personal, no como corrección estética.»
Este tipo de acciones refuerza el vínculo emocional con la marca y responde a una realidad clave del marketing actual: las personas no solo compran productos, buscan experiencias memorables y coherentes con sus valores. En este caso, jugar, crear y expresarse sin juicios.
Una colaboración alineada con el consumidor actual
La unión entre Clinique y Crayola funciona porque ambas marcas comparten un territorio común: la creatividad como forma de expresión personal. En un momento donde el consumidor valora la individualidad, la inclusión y la libertad creativa, esta alianza se percibe auténtica y relevante, no forzada.
Desde una mirada estratégica, la campaña también permite a Clinique refrescar su imagen sin perder credibilidad, acercándose a nuevas generaciones que entienden el maquillaje más como un lenguaje personal que como una obligación estética.
