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Cochabamba: El Corazón Tecnológico que Liofiliza el Futuro Agroindustrial de Bolivia

En el valle de Cochabamba, conocido como la capital agroindustrial de Bolivia, late una nueva energía que trasciende la simple exportación de materias primas. Allí, la empresa nacional Sumaj Yapay ha puesto en marcha una revolución silenciosa pero poderosa: la planta de liofilización más grande y moderna del país. Este proyecto no es solo una infraestructura; es un símbolo de un cambio de mentalidad, que apuesta por transformar localmente la riqueza agrícola boliviana en productos de altísimo valor para el mundo.

La liofilización es el núcleo de esta transformación. A diferencia de los métodos tradicionales que deshidratan con calor, alterando sabor y nutrientes, esta tecnología es un acto de preservación casi perfecto. El producto se congela profundamente y, en una cámara de vacío, el agua sólida se convierte directamente en vapor, sin derretirse.

«La liofilización permite que un alimento mantenga hasta el 95% de su valor nutricional original, preservando su sabor, color y textura sin usar conservantes.»

    El resultado es un alimento que mantiene su forma, color, aroma y, lo más crucial, el 95% de su valor nutricional original. Imagina un trozo de fruta andina, como el tumbo o la isaña, que meses después conserva la textura crujiente y la explosión de sabor del primer día, sin conservantes. Ese es el milagro tangible de esta ciencia aplicada.

    La capacidad industrial de Sumaj Yapay es otro punto que redefine posibilidades. Con un liofilizador capaz de procesar una tonelada de materia prima fresca por lote, la empresa escaló desde sus inicios como exportadora de quinua en 2012 hasta manejar hoy un portafolio diversificado.

    «Con certificaciones ISO 22000 y FSSC 22000, la planta de Cochabamba cumple con los estándares de seguridad alimentaria más exigentes de Europa y Norteamérica.»

    Procesa desde la emblemática quinua y la chía hasta superalimentos como el tarwi y el acai, con una producción anual que supera las 5,000 toneladas métricas. Este volumen no sería relevante sin el rigor detrás: la planta opera bajo las certificaciones internacionales ISO 22000 y FSSC 22000, un sello que funciona como pasaporte de confianza y garantiza que cada envase cumple con los estándares más exigentes de seguridad alimentaria de Europa y Norteamérica.

    El verdadero impacto, sin embargo, va más allá de la tecnología y las certificaciones. Este proyecto representa una oportunidad estratégica para redefinir el papel de Bolivia en el comercio global. En lugar de exportar granos a granel con precios sujetos a la volatilidad del mercado, ahora se puede exportar valor, innovación y conveniencia.

    Un café liofilizado de especialidad, una sopa instantánea de quinua con todos sus nutrientes, o polvos de frutas funcionales para la industria alimentaria, tienen un valor comercial exponencialmente mayor.

    «Sumaj Yapay procesa más de 5.000 toneladas métricas al año, transformando materia prima en productos de alto valor para mercados en tres continentes.»

    Sumaj Yapay no solo está procesando alimentos; está procesando el futuro económico del país, demostrando que la combinación de biodiversidad única, tecnología de punta y visión empresarial puede posicionar a Bolivia como un actor clave en el dinámico mercado global de alimentos saludables y de alta tecnología.