Credicorp detecta cambio estructural en el acceso financiero femenino

La inclusión financiera femenina en Bolivia está atravesando una fase de aceleración que comienza a modificar la estructura del acceso al sistema financiero. Entre 2021 y 2025, el porcentaje de mujeres que alcanza niveles avanzados de inclusión financiera pasó del 12% al 21%, una variación significativa en apenas cuatro años que sugiere cambios estructurales en la relación entre el sistema financiero y la población femenina.
Este avance, identificado en el Índice de Inclusión Financiera elaborado por Credicorp, se produce en un contexto regional donde el acceso financiero de las mujeres también crece, aunque de forma desigual entre países y segmentos socioeconómicos. Bolivia destaca por un rasgo particular: la brecha de género en el acceso al sistema financiero es una de las más bajas de América Latina.
El indicador general de inclusión financiera sitúa a las mujeres bolivianas con 42 puntos frente a 44 puntos registrados por los hombres, una diferencia mínima dentro de la medición regional. En el nivel más avanzado de inclusión financiera —que agrupa a quienes utilizan activamente productos y servicios financieros— la distancia es aún menor: 21% de mujeres frente a 22% de hombres.
“Entre 2021 y 2025, el porcentaje de mujeres bolivianas en nivel alcanzado de inclusión financiera pasó de 12% a 21%, reduciendo la brecha con los hombres a solo un punto porcentual.”
Este comportamiento no responde únicamente a una expansión del acceso a cuentas o productos básicos, sino a un incremento en la intensidad de uso del sistema financiero. Entre 2021 y 2025, la frecuencia promedio de utilización de servicios financieros se duplicó, pasando de tres a seis usos mensuales en ambos géneros. La convergencia entre hombres y mujeres en este indicador sugiere que el sistema financiero boliviano está atravesando un proceso de normalización en el uso de herramientas financieras.
Sin embargo, el avance no se distribuye de manera homogénea dentro del universo femenino. El estudio muestra que el progreso se concentra principalmente en mujeres jóvenes, urbanas y de niveles socioeconómicos medios y altos, mientras que los segmentos rurales, de menores ingresos o mayores de 43 años avanzan a un ritmo considerablemente más lento.
Uno de los motores más visibles del avance ha sido la expansión de las herramientas financieras digitales. La adopción de billeteras digitales entre mujeres bolivianas pasó del 15% en 2021 al 44% en 2025, eliminando prácticamente la brecha de género en este tipo de servicios.
La transformación no se limita a la tenencia de estas herramientas, sino también a su uso cotidiano. En 2022 apenas el 3% de las mujeres utilizaba billeteras digitales para pagos o compras; para 2025 esa proporción alcanza el 27%. Este salto refleja cómo la digitalización está redefiniendo la puerta de entrada al sistema financiero, especialmente para segmentos que históricamente enfrentaron barreras de acceso a la banca tradicional.
“La tenencia de billeteras digitales entre mujeres en Bolivia aumentó de 15% en 2021 a 44% en 2025, sin diferencias frente a los hombres.”
La expansión de los medios digitales también explica parte del aumento en la intensidad de uso del sistema financiero. Cuando el acceso deja de depender de la presencia física de una sucursal bancaria y se traslada a dispositivos móviles, las barreras geográficas y operativas comienzan a reducirse.
A nivel regional, el estudio muestra que el 27% de las mujeres adultas en América Latina se encuentra en el nivel más alto de inclusión financiera, casi el doble del 16% registrado en 2021. Sin embargo, la región continúa mostrando contrastes significativos entre países.
Argentina lidera el indicador con 48% de mujeres en el nivel más avanzado de inclusión financiera, mientras que Colombia registra uno de los niveles más bajos, con 17%. Bolivia, con 21%, se ubica por debajo del promedio regional, aunque con una característica distintiva: la distancia entre hombres y mujeres es considerablemente menor que en otros mercados.
Este patrón sugiere que el desafío del sistema financiero boliviano no se centra tanto en reducir la brecha de género —que ya es relativamente baja— sino en ampliar la inclusión financiera en términos generales y acelerar la incorporación de los segmentos más rezagados.
“El Índice de Inclusión Financiera evalúa acceso, uso y calidad percibida del sistema, a partir de encuestas a más de 13.000 personas en ocho países de la región.”
El factor socioeconómico emerge como el principal determinante de acceso financiero. En 2025, el 55% de las mujeres de nivel socioeconómico alto se encuentra en el nivel más avanzado de inclusión financiera, ampliando la distancia con los niveles medio y bajo.
Este comportamiento revela un fenómeno recurrente en América Latina: la expansión del sistema financiero suele avanzar primero en los segmentos con mayor capacidad económica y mayor acceso a tecnología, mientras que la inclusión de poblaciones vulnerables avanza con mayor lentitud.
Aunque el estudio muestra señales de convergencia en otros frentes —como la reducción de la brecha entre trabajadoras formales e informales o entre emprendedoras y no emprendedoras— la incorporación plena de mujeres rurales o de menores ingresos sigue siendo uno de los desafíos estructurales para el sistema financiero regional.
Los datos sugieren que el proceso de inclusión financiera en Bolivia está transitando desde una fase de expansión del acceso hacia una etapa donde el uso efectivo de herramientas financieras se vuelve el indicador clave. La digitalización aparece como el principal vector de esta transición.
Para el sector financiero, el desafío no será únicamente ampliar la cobertura del sistema, sino diseñar productos y canales que permitan incorporar a los segmentos que aún permanecen en los márgenes del sistema formal. En un contexto donde la inclusión financiera se vincula cada vez más con la autonomía económica y la actividad productiva, la capacidad de integrar a mujeres de menores ingresos y entornos rurales podría convertirse en uno de los indicadores más relevantes para medir la evolución del sistema financiero en la próxima década.
