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Cuando el trayecto se convierte en medio: la nueva frontera de la publicidad experiencial

La relación entre marcas y consumidores atraviesa una transformación profunda. Ya no basta con aparecer; hoy es imprescindible integrarse de forma relevante en la vida cotidiana. En ese contexto, la alianza entre Coca-Cola y Uber Advertising marca un punto de inflexión en la forma en que se concibe el tiempo de tránsito: el desplazamiento deja de ser un intervalo neutro para convertirse en un espacio estratégico de conexión emocional y narrativa de marca.

Los trayectos en aplicaciones de movilidad reúnen una condición poco habitual en el ecosistema digital actual: tiempo prolongado y atención sostenida. Mientras el usuario espera o se desplaza hacia un destino concreto, suele interactuar activamente con su teléfono, revisando el mapa, el tiempo estimado de llegada o mensajes relacionados con su plan inmediato.

“El tiempo de traslado se convierte en uno de los momentos de mayor atención del consumidor dentro del ecosistema digital.”

Aprovechar este momento no es casual. Datos internos de plataformas de movilidad muestran que los anuncios integrados durante el trayecto pueden alcanzar tiempos de exposición que superan ampliamente los promedios de la publicidad digital tradicional. Para una marca como Coca-Cola, esto representa una oportunidad única: construir presencia sin interrumpir, acompañar sin invadir.

El formato conocido como Journey Takeovers propone una lógica distinta a la del anuncio convencional. En lugar de impactos aislados, la comunicación se desarrolla como un relato continuo que acompaña al usuario desde que solicita el servicio hasta que llega a su destino.

La interfaz de la aplicación se transforma de manera sutil pero coherente: iconografía personalizada, colores alineados con la identidad visual de la marca y mensajes que evolucionan conforme avanza el trayecto. El resultado es una experiencia inmersiva donde la publicidad no compite con el viaje, sino que se funde con él.

Un ejemplo claro es la contextualización del mensaje. Si el destino es un restaurante, un evento deportivo o un centro comercial, la comunicación se adapta para reforzar situaciones reales de consumo. No se trata de persuadir de forma directa, sino de activar asociaciones mentales en el momento justo, cuando la intención está latente.

Desde una perspectiva de investigación de mercado, esta iniciativa evidencia el creciente peso de la personalización basada en datos de movilidad. Conocer el destino final del usuario permite una segmentación extremadamente precisa, difícil de replicar en otros canales publicitarios.

“Más de cien segundos de exposición publicitaria durante un viaje superan ampliamente los estándares tradicionales de la publicidad online.”

Este nivel de contextualización redefine el concepto de relevancia. La marca deja de hablarle a una audiencia genérica y comienza a interactuar con personas en situaciones concretas, con estados de ánimo y expectativas específicas. Para Coca-Cola, ser la marca de lanzamiento de este formato premium en múltiples mercados internacionales refuerza su rol como actor dispuesto a experimentar en territorios de comunicación avanzada.

Uno de los aspectos más significativos de esta estrategia es su enfoque humano. La tecnología no se presenta como un fin en sí mismo, sino como un medio para mejorar la percepción del tiempo de espera y desplazamiento. El viaje se convierte en una antesala emocional del destino, cargada de estímulos visuales y narrativos que buscan sorprender y generar una sensación positiva.

Esta lógica responde a una tendencia más amplia: las marcas que logran permanencia no son necesariamente las más visibles, sino las que entienden el recorrido completo del consumidor, desde la planificación hasta la experiencia final. Acompañar un momento cotidiano con inteligencia y sensibilidad puede resultar más efectivo que cualquier campaña masiva sin contexto.

El caso de Coca-Cola y Uber abre un precedente relevante para la publicidad en plataformas bajo demanda. La posibilidad de medir con precisión el tiempo de exposición y el impacto real de cada interacción responde a una demanda creciente de transparencia por parte de los anunciantes.

“La publicidad deja de interrumpir para integrarse de forma natural en el recorrido cotidiano del usuario.”

Más allá del éxito puntual de una campaña, este modelo anticipa un escenario donde el teléfono móvil, combinado con el desplazamiento físico, se consolida como un nuevo espacio de interacción publicitaria. Un espacio donde la publicidad no es rechazada si aporta valor, se integra con elegancia y respeta el contexto del usuario.

En definitiva, transformar un simple traslado en una experiencia narrativa demuestra que la innovación publicitaria no siempre consiste en inventar nuevos formatos, sino en reinterpretar momentos cotidianos y dotarlos de significado. Allí donde antes había tiempo muerto, hoy existe una oportunidad para construir memorias de marca duraderas.