Cuando la carretera se ilumina sola: Pintura que brilla en la oscuridad en Malasia

Malasia decidió probar una idea poco convencional para mejorar la seguridad vial: sustituir el alumbrado público por pintura que brilla en la oscuridad. El experimento se realizó en un tramo corto —245 metros— de una carretera rural en Hulu Langat, una zona donde la falta de iluminación hacía que conducir de noche fuera especialmente riesgoso. La respuesta inicial de los conductores fue positiva, y no es difícil entender por qué: las líneas visibles devolvieron confianza en un camino antes incierto.
La tecnología detrás del brillo
La solución se apoya en pintura fotoluminiscente, capaz de absorber luz durante el día y emitirla por la noche. A diferencia de las tachuelas reflectantes tradicionales, esta pintura promete una visibilidad más continua, incluso bajo lluvia o niebla. Según el Ministerio de Obras de Malasia, el brillo puede mantenerse hasta por 10 horas, una ventaja clave en áreas rurales sin acceso estable a electricidad. En esos contextos, una señalización clara puede ser la diferencia entre un trayecto seguro y un accidente
El choque con la realidad del presupuesto
El entusiasmo se enfría al revisar los costos. Cada metro cuadrado de esta pintura ronda los 749 ringgit, unas veinte veces más que la pintura vial convencional. La diferencia no es menor: obliga a replantear cualquier intención de escalar el proyecto a nivel nacional. De hecho, autoridades del propio ministerio reconocieron que, pese a la buena impresión inicial, el precio resulta difícil de justificar frente a otras alternativas más económicas.
La creatividad aplicada a la seguridad vial puede generar mejoras reales y rápidas, sobre todo en zonas donde la infraestructura tradicional no llega.
Este punto revela una tensión clásica en políticas públicas: una innovación puede funcionar bien en pequeño, pero volverse inviable cuando entra en juego el presupuesto. En este caso, la calculadora terminó pesando más que el brillo.
Pensar la seguridad vial “fuera de la caja”
El debate no es exclusivo de Malasia. En Austria, por ejemplo, un simple círculo pintado en la calzada logró reducir drásticamente los accidentes de motociclistas al obligar a los conductores a prestar más atención. En México, los llamados topes inteligentes se activan cuando un vehículo excede cierta velocidad, forzando una desaceleración inmediata. Son soluciones distintas, pero comparten una lógica común: modificar el comportamiento del conductor a través de infraestructura visible e imposible de ignorar.
Entre la idea brillante y la decisión final
El caso malasio deja una enseñanza clara. La creatividad aplicada a la seguridad vial puede generar mejoras reales y rápidas, sobre todo en zonas donde la infraestructura tradicional no llega. Sin embargo, para que estas ideas se mantengan en el tiempo, deben encontrar un equilibrio entre impacto y costo. Hoy, el futuro de la pintura luminosa sigue en duda, pero el experimento ya abrió una conversación global: cómo hacer carreteras más seguras sin que la innovación se vuelva un lujo inaccesible.
