Del embudo al mapa: la reinvención del marketing según Google

Durante años, el marketing digital se apoyó en un modelo lineal y predecible: el clásico embudo de conversión. Desde la atracción hasta la fidelización, cada etapa prometía orden y efectividad. Sin embargo, el comportamiento del consumidor ha evolucionado radicalmente, impulsado por la inteligencia artificial, el exceso de estímulos y la omnicanalidad. Google, consciente de este cambio, propone una transformación total: despedirse del embudo y adoptar los mapas de influencia. ¿Qué significa esto y por qué representa una nueva era para el marketing? A continuación, lo exploramos.
El embudo ya no encaja en la realidad del consumidor
El modelo de funnel fue, por décadas, la brújula de agencias y marcas: captar atención, generar interés, cerrar ventas y luego fidelizar. Pero el consumidor del 2025 se comporta como un nodo hiperconectado: multipantalla, multitarea y multifacético. Según el informe Google Summer Essentials 2025, un usuario promedio interactúa con más de 130 puntos de contacto móviles al día, sin incluir televisores inteligentes, laptops o dispositivos wearables.
En este contexto, pensar que un consumidor avanza de forma lineal desde el descubrimiento hasta la acción es una simplificación que ya no funciona. La compra puede empezar en una story, continuar con una búsqueda por voz, pasar por una reseña en YouTube Shorts y concluir en una app de e-commerce. Este comportamiento fractal hace que el embudo tradicional se quede corto al intentar mapear decisiones que son todo, menos lineales.
La atención es escasa, la confianza es clave y la personalización es urgente.
Mapas de influencia: una visión adaptativa del viaje del consumidor
En lugar de imaginar al usuario avanzando en una sola dirección, los mapas de influencia reconocen que cada persona sigue rutas únicas, impulsadas por su contexto, su estado emocional y el canal en el que interactúa. No hay etapas fijas: hay trayectorias que cambian en tiempo real.
Este enfoque se basa en tres pilares que determinan la influencia efectiva:
- Atención: ¿En qué momento y lugar está el consumidor receptivo?
- Relevancia: ¿El contenido responde a su intención o necesidad inmediata?
- Confianza: ¿El canal o plataforma tiene credibilidad para ese usuario?
El éxito no está en estar presente en todos lados, sino en estar bien presente: con el mensaje adecuado, en el formato correcto, y en el punto exacto del recorrido emocional del cliente.
Una persona interactúa con más de 130 puntos de contacto móviles al día.
Cómo funcionan los mapas de influencia en acción
Google ofrece ejemplos reales para entender cómo se aplican estos mapas:
Caso 1: el comprador espontáneo
Ve un anuncio mientras mira un video en YouTube, lo recuerda al ver el producto en una tienda, busca reseñas desde su celular y finalmente compra desde su laptop en casa. Su recorrido es fragmentado, emocional y sensible al momento.
Caso 2: el comprador planificado
Comienza con una búsqueda racional, se cruza con una recomendación positiva en redes, y luego espera una oferta antes de tomar la decisión. Su trayecto es más pausado, lógico y basado en evidencia.
Ambos casos requieren estrategias completamente diferentes. Aquí es donde entra el uso de herramientas como CRM integrados, creativos optimizados con Asset Studio, análisis a través de Google Analytics y Meridian, y el uso del “Power Pack” que combina Performance Max, Demand Gen y AI Max para escalar el impacto sin perder personalización.
El mapa de influencia adapta la estrategia al contexto, canal y momento del consumidor.
El marketing necesita adaptarse o quedarse atrás
La transformación del embudo en mapa de influencia no es una simple metáfora. Es un cambio de paradigma que exige abandonar modelos mentales rígidos y abrazar la fluidez del consumidor digital. Las marcas que insistan en repetir estrategias del pasado corren el riesgo de quedarse fuera del radar emocional y cognitivo de sus audiencias.
En una era donde la atención es volátil, la confianza se gana en segundos y la personalización ya no es un valor agregado sino una expectativa mínima, el marketing necesita dejar de empujar a los consumidores por un tubo y empezar a acompañarlos con inteligencia, agilidad y empatía.
La lección de Google es clara: entender los patrones, no los pasos. Porque hoy, el marketing más efectivo no sigue un camino… lo dibuja a medida que el usuario avanza.