Empresas convencidas, empleados desconectados

En los últimos años, la educación continua se ha consolidado como un pilar estratégico para las empresas que buscan mantenerse competitivas en un entorno laboral cada vez más digitalizado. De hecho, una amplia mayoría de organizaciones reconoce que la formación constante es clave para el desarrollo de su talento, especialmente en habilidades tecnológicas y digitales. Muchas ya han invertido en plataformas online, cursos virtuales y programas de capacitación interna que, sobre el papel, demuestran un fuerte compromiso con el aprendizaje.
Sin embargo, esta visión empresarial no siempre coincide con la experiencia cotidiana de los empleados. Una parte significativa de los trabajadores afirma no percibir un respaldo real para mejorar sus competencias. Para ellos, la formación no se traduce en tiempo asignado, acompañamiento de sus líderes o información clara sobre las oportunidades disponibles. Esta desconexión revela que el problema no radica únicamente en la falta de recursos, sino en cómo estos se integran o no en la cultura organizacional y en la rutina laboral.
«El 97% de las empresas considera clave la educación continua, pero casi la mitad de los empleados no percibe apoyo real.»
Un ejemplo común ocurre cuando las empresas ofrecen plataformas de aprendizaje, pero no ajustan las cargas de trabajo ni incentivan activamente su uso. El resultado es que la formación queda relegada a un segundo plano, percibida como un esfuerzo personal y no como una apuesta institucional.
La brecha de percepción como reto estratégico de RRHH
La diferencia entre lo que la empresa cree ofrecer y lo que el empleado siente recibir se ha convertido en un desafío crítico para las áreas de Recursos Humanos. Esta brecha de percepción afecta directamente al compromiso, la motivación y, en última instancia, a la fidelización del talento. En un mercado laboral donde el desarrollo profesional pesa cada vez más en las decisiones de permanencia, no sentirse apoyado puede acelerar la rotación.
Cerrar esta distancia requiere algo más que anunciar programas de capacitación. Es fundamental que la comunicación interna sea constante y práctica: explicar cómo acceder a los cursos, qué beneficios concretos tienen para la carrera profesional y qué respaldo existe por parte de la organización. Además, el rol de los líderes es clave. Cuando managers y responsables de equipo promueven activamente la formación y permiten dedicar tiempo laboral a ella, el mensaje se vuelve tangible.
«La brecha entre lo que la empresa ofrece y lo que el talento percibe se ha convertido en un reto crítico para RRHH.»
Otro factor decisivo es la personalización. Los empleados valoran más las iniciativas formativas cuando estas se alinean con sus objetivos profesionales y con las necesidades reales de su puesto. Adaptar contenidos, rutas de aprendizaje y ritmos de estudio no solo mejora la percepción del apoyo empresarial, sino que convierte la formación en una herramienta efectiva de crecimiento mutuo.
En este contexto, transformar la inversión en capacitación en una experiencia visible y valorada por el empleado no es solo una cuestión de imagen interna, sino una estrategia clave para construir equipos más comprometidos, preparados y leales.
