Industria sucroalcoholera defiende el etanol y descarta su responsabilidad en la mala calidad de la gasolina

El debate sobre la calidad de la gasolina en Bolivia ha puesto nuevamente bajo la lupa al etanol anhidro, un biocombustible que forma parte de la matriz energética del país desde hace más de siete años. Frente a recientes denuncias sobre supuestos daños en motores y fallas en el combustible, la industria sucroalcoholera salió al frente para deslindar responsabilidades y ratificar que el problema no está en el etanol, sino en deficiencias estructurales dentro de la cadena de abastecimiento de carburantes.
El sector agroenergético boliviano rechazó de manera categórica las versiones que atribuyen al etanol la presencia de sedimentos, deterioro del combustible o afectaciones mecánicas en los vehículos. Según el gremio, estas afirmaciones carecen de sustento técnico y responden a un escenario de desinformación que confunde a los consumidores.
Uno de los principales puntos aclarados tiene que ver con el porcentaje de mezcla. Aunque la legislación boliviana permite una incorporación de hasta el 25% de etanol en las gasolinas, la normativa vigente establece límites más conservadores. En la práctica, la mezcla promedio a nivel nacional se mantiene por debajo del 9%, con un techo máximo autorizado del 12%. Esta diferencia normativa resulta clave para desmontar las versiones que hablan de una sobrecarga de biocombustible en el producto final.
La industria asegura que el etanol anhidro cumple estándares internacionales y no genera daños en los motores.
La industria respalda su posición en la experiencia acumulada desde la implementación del programa de etanol en Bolivia. En siete años de uso continuo, no se han documentado casos comprobados de fallas mecánicas atribuibles directamente a este componente. Por el contrario, el etanol anhidro producido localmente cumple con estándares internacionales de calidad, alcanzando niveles de pureza del 99,5%.
Desde el punto de vista técnico, el biocombustible aporta beneficios concretos a la gasolina. Con un octanaje de 108, el etanol actúa como un mejorador del rendimiento del combustible, optimizando la combustión y elevando la calidad del producto que llega al consumidor final. Este atributo ha sido destacado por las principales empresas del sector, que coinciden en que el alcohol anhidro es una solución probada y segura.
Más allá del componente técnico, el bloque empresarial subraya el carácter estratégico de la inversión en etanol. El programa busca reducir la dependencia de combustibles importados, generar ahorro de divisas y fortalecer la producción nacional, especialmente en regiones agroindustriales donde el cultivo de caña y la industria sucroalcoholera tienen un peso económico relevante.

En paralelo, el propio Gobierno reconoció la existencia de problemas en la calidad de la gasolina distribuida en el país, aunque atribuyó esta situación a deficiencias heredadas en la gestión técnica de la cadena de abastecimiento. Desde YPFB se informó que una revisión integral evidenció fallas históricas en el manejo de tanques, almacenamiento y logística, agravadas por años de desabastecimiento que derivaron en acumulación de residuos y contaminación del producto final.
El cruce de versiones entre el sector productivo y las autoridades energéticas deja una conclusión clara: el etanol anhidro no es el origen del problema de la gasolina en Bolivia. La experiencia acumulada, los estándares técnicos y los beneficios comprobados del biocombustible respaldan su uso como parte de la solución energética del país.
El verdadero desafío parece estar en la modernización y el control eficiente de la cadena de abastecimiento de carburantes. Mientras tanto, la industria sucroalcoholera ratifica su compromiso con la calidad, la sustitución de importaciones y el desarrollo de una matriz energética más sostenible, en un contexto donde la información técnica y la transparencia resultan clave para evitar percepciones erróneas que afecten tanto al consumidor como a la inversión productiva.
