La deuda que no se ve: por qué el endeudamiento interno se convirtió en el mayor desafío fiscal de Bolivia

Durante años, el debate económico en Bolivia se centró en el nivel de deuda externa y su impacto sobre la estabilidad financiera del país. Sin embargo, los datos más recientes revelan un giro silencioso pero decisivo: el verdadero peso de las finanzas públicas ya no proviene del exterior, sino del mercado interno. Al cierre de 2025, la deuda interna del Estado no solo superó ampliamente a la externa, sino que alcanzó un volumen que plantea serias interrogantes sobre la sostenibilidad fiscal y el equilibrio macroeconómico a mediano plazo.
El crecimiento acelerado de la deuda interna
A diciembre de 2025, el Tesoro General de la Nación acumuló una deuda interna superior a los Bs 231.000 millones, equivalentes a más de 33.000 millones de dólares al tipo de cambio oficial. Esta cifra representa más del doble de la deuda externa, que cerró el mismo periodo en torno a los 13.000 millones de dólares.
“El Banco Central sigue siendo la caja chica del Estado, con créditos que rozan los Bs 160.000 millones.”
El rasgo más relevante de este endeudamiento es su origen. Más de dos tercios de la deuda interna corresponden a compromisos con el sector público, principalmente con el Banco Central de Bolivia (BCB), que se consolidó como el principal financiador del Estado. Este vínculo financiero se materializó, en gran medida, a través de bonos del Tesoro no negociables y créditos directos de emergencia, configurando un esquema de financiamiento cada vez más dependiente del ente emisor.
El Banco Central y el financiamiento del gasto público
El rol del Banco Central ha sido clave para sostener el funcionamiento del Estado en un contexto de restricciones externas. La dificultad para acceder a nuevos créditos internacionales —en parte por trabas legislativas— llevó al Ejecutivo a recurrir de forma recurrente al financiamiento interno para cubrir gastos corrientes, incluidos salarios y aguinaldos hacia finales de 2025.
Este mecanismo permitió evitar tensiones inmediatas de liquidez, pero trasladó el problema hacia otro plano: el monetario. Una parte significativa de la deuda interna fue financiada mediante emisión de dinero, que habría superado los Bs 100.000 millones hasta enero de 2026. A diferencia de la deuda externa, que exige pagos en divisas y disciplina fiscal, el endeudamiento interno financiado con emisión tiene efectos más directos sobre la inflación y el poder adquisitivo.
Riesgos macroeconómicos y presión sobre la economía cotidiana
Especialistas coinciden en que el nivel actual de endeudamiento reduce el margen de maniobra del Estado frente a escenarios adversos. Si se considera el total de la deuda pública —interna y externa—, Bolivia estaría acercándose a niveles equivalentes al 90% de su Producto Interno Bruto, un umbral que incrementa el riesgo fiscal y limita la capacidad de respuesta ante choques externos.

La presión no es solo teórica. El aumento de la emisión monetaria para financiar el gasto público contribuyó a un entorno inflacionario más persistente, afectando directamente el costo de vida de los hogares. Esta dinámica generó distorsiones en el consumo, tensiones en el sistema financiero y un mayor incentivo a la dolarización informal, encareciendo bienes y servicios básicos.
Además, en un contexto de reservas internacionales líquidas reducidas, el endeudamiento interno intensifica la vulnerabilidad cambiaria, restringiendo las herramientas disponibles para estabilizar la economía sin costos sociales significativos.
El papel del sector privado en la deuda interna
Paralelamente al financiamiento del Banco Central, el Tesoro mantiene obligaciones relevantes con el sector privado, que superan los Bs 77.000 millones. La mayor parte de este monto proviene de la colocación de títulos públicos en el mercado financiero, principalmente bonos de mediano y largo plazo adquiridos por bancos, inversionistas institucionales y la Gestora Pública.
Si bien este tipo de financiamiento refleja confianza del sistema financiero en los instrumentos del Estado, también concentra riesgos, ya que una porción significativa del ahorro interno queda expuesta al desempeño fiscal y a la capacidad de pago del sector público.
“La deuda interna del TGN es 2,3 veces mayor que la externa y, sumadas, bordean el 90% del PIB.”
El crecimiento de la deuda interna marca un punto de inflexión en la economía boliviana. Aunque no implica una situación de insolvencia inmediata, sí revela una estructura fiscal cada vez más frágil, sostenida por financiamiento monetario y con efectos visibles en la economía diaria de los ciudadanos.
El desafío no pasa únicamente por reducir el endeudamiento, sino por redefinir su composición y uso. Sin un ajuste gradual que priorice la inversión productiva, fortalezca las reservas y recupere el acceso a financiamiento externo sostenible, la deuda interna podría dejar de ser una herramienta de estabilidad temporal para convertirse en una fuente estructural de desequilibrio económico.
