Menos horas, más sentido: la nueva relación de la Gen Z con el trabajo

Durante décadas, el éxito profesional estuvo asociado al sacrificio constante: largas jornadas, disponibilidad total y una cultura que glorificaba el cansancio como prueba de compromiso. Sin embargo, con la llegada de la Generación Z al mercado laboral, este paradigma comienza a resquebrajarse. Lejos de rechazar el trabajo, esta generación propone una forma distinta de entenderlo, donde el tiempo, el bienestar y el propósito tienen un valor tan alto como la remuneración económica. Así surge el llamado “minimalismo laboral”, una visión que busca trabajar mejor, no necesariamente más.
Gen Z más estricta y cuidadosa
La Gen Z creció observando los efectos del agotamiento crónico en generaciones anteriores. El burnout, la falta de equilibrio y la postergación de la vida personal se convirtieron en advertencias más que en modelos a seguir. Por ello, uno de los pilares de su enfoque es el rechazo a la cultura del desgaste como sinónimo de productividad.
Para estos jóvenes, el trabajo efectivo se mide por resultados e impacto, no por horas acumuladas frente a una pantalla. Valoran esquemas flexibles, modalidades híbridas o remotas y límites claros entre la vida laboral y personal. La posibilidad de organizar el tiempo, reducir traslados y trabajar en entornos que respeten los ritmos humanos se vuelve una condición básica, no un beneficio extra. Estudios recientes, como los de WeWork y PageGroup, refuerzan esta percepción al mostrar que la flexibilidad mejora el bienestar, la productividad y la dinámica de equipo.
El futuro no se construirá solo con esfuerzo, sino también con equilibrio, propósito y bienestar.
A esta búsqueda de equilibrio se suma una necesidad profunda de propósito. La Gen Z no concibe el empleo solo como una fuente de ingresos, sino como una actividad que debe tener sentido y coherencia con sus valores. Procesos innecesarios, reuniones interminables y tareas sin impacto real generan desmotivación. En cambio, roles claros, objetivos alcanzables y oportunidades de aprendizaje sostenible fortalecen el compromiso.
El minimalismo laboral, entonces, no implica desinterés ni baja ambición. Significa eliminar lo superfluo para concentrarse en lo esencial: aportar valor, crecer sin sacrificar la salud y construir una vida donde el trabajo sea una parte importante, pero no el centro absoluto de la identidad.
Nuevos puntos de vista en el trabajo
La transformación que impulsa la Generación Z no es una rebelión contra el trabajo, sino una rehumanización del mismo. Menos horas no significan menos compromiso, sino una manera más consciente y saludable de relacionarse con la productividad. Más sentido implica medir el éxito no por el cansancio acumulado, sino por la calidad de vida que el empleo permite sostener.
El minimalismo laboral no parece una moda pasajera, sino una respuesta generacional a un sistema que durante años normalizó el desgaste. Para las organizaciones, el desafío está claro: adaptarse a esta nueva escala de valores si desean atraer y retener talento. Para el mundo del trabajo en general, el mensaje es contundente: el futuro no se construirá solo con esfuerzo, sino también con equilibrio, propósito y bienestar.
