Coyuntura

México arriesga impacto económico si pierde el Mundial 2026

El Mundial 2026 no es solo un espectáculo deportivo para México; es una variable macroeconómica de corto plazo con implicaciones reputacionales de largo alcance. La posibilidad —aunque todavía remota— de que la FIFA reconsidere partidos o incluso la sede mexicana por motivos de seguridad introduce un factor de riesgo que trasciende el calendario deportivo y alcanza la percepción país.

Las estimaciones oficiales proyectan más de cinco millones de turistas adicionales durante el torneo y una derrama cercana a los 3.000 millones de dólares. Diversas firmas financieras han calculado que el impulso podría acercarse a 1% del PIB en el periodo del evento, tomando como referencia experiencias previas como la de Qatar. En una economía que enfrenta desaceleración global y presiones fiscales, ese impulso no es marginal: funcionaría como amortiguador coyuntural para consumo y servicios.

Sin embargo, la reciente escalada de violencia tras la muerte de Nemesio Oseguera ha tensionado ese escenario. La paralización temporal de actividades en Jalisco, los bloqueos en múltiples estados y la cancelación de servicios de transporte reabrieron el debate sobre la viabilidad logística de partidos clasificatorios en Guadalajara y Monterrey.

“Tomando referencias como Qatar, el impacto podría acercarse a 1% del PIB en el periodo del evento, concentrado en turismo, comercio y servicios urbanos.”

El reglamento de la FIFA le otorga plena discrecionalidad para reprogramar o trasladar encuentros por motivos de seguridad. Ese marco jurídico convierte la coyuntura en un asunto estratégico: la decisión no dependerá únicamente de la estabilidad momentánea, sino de la percepción internacional sobre la capacidad del Estado mexicano para garantizar protección integral a selecciones, aficionados e infraestructura.

La discusión no es inédita en la historia de los mundiales. En 1986, Colombia desistió como anfitrión y México asumió la organización. La diferencia hoy es que el torneo se comparte con Estados Unidos y Canadá, lo que reduce la dependencia estructural del país dentro del esquema organizativo y facilita eventuales redistribuciones logísticas si la FIFA lo considera necesario.

El efecto económico directo del Mundial se concentra en hotelería, restaurantes, transporte y comercio minorista. Para instituciones como Citi, el consumo privado será un determinante clave del crecimiento en 2026, respaldado por empleo formal y programas sociales. La llegada masiva de visitantes funcionaría como catalizador adicional en ciudades sede.

“La FIFA tiene la facultad de cancelar o reubicar partidos por razones de seguridad; la decisión no es simbólica, redefine inversión, empleo temporal y confianza.”

Pero el impacto más relevante podría ser intangible: confianza. Analistas han señalado que la visibilidad internacional del torneo puede reforzar el ánimo de inversión en la segunda mitad del año. En economías emergentes, los megaeventos operan como vitrinas de estabilidad institucional. La pérdida parcial o total de la sede enviaría la señal opuesta, con consecuencias en percepción de riesgo país y primas financieras.

Además, existe un cálculo fiscal implícito. Aunque México no enfrenta el nivel de inversión en infraestructura de ediciones pasadas, la planificación urbana, los gastos en seguridad y la adecuación de instalaciones suponen recursos públicos que solo se justifican plenamente si el evento se realiza según lo previsto. Un recorte o traslado implicaría costos hundidos sin el retorno esperado.

En términos estrictamente macroeconómicos, la cancelación de algunos partidos no alteraría de manera estructural el desempeño de la economía mexicana. El impulso estimado es transitorio. No obstante, el golpe reputacional podría tener efectos más persistentes, especialmente en sectores dependientes de percepción internacional como turismo, inversión extranjera directa y mercados financieros.

“México esperaba recibir más de cinco millones de visitantes y generar cerca de US$3.000 millones durante el torneo; una reubicación alteraría ese flujo inmediato de consumo y servicios.”

La administración federal ha reiterado que existen garantías plenas para la celebración del torneo. La cuestión central no es declarativa, sino operativa: la capacidad de contener episodios de violencia y ofrecer certidumbre sostenida en el tiempo. La FIFA evaluará ese equilibrio con criterios propios y con sensibilidad reputacional global.

México enfrenta así un examen previo a 2026. No se trata únicamente de albergar partidos, sino de demostrar gobernabilidad en un contexto complejo. Si la sede se mantiene sin sobresaltos, el Mundial funcionará como estímulo coyuntural y validación internacional. Si se reduce o se pierde, el costo económico inmediato será acotado, pero la señal enviada al mercado podría ser más profunda.

El balón todavía no rueda, pero la evaluación ya comenzó.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *