Marketing

Pepsi traslada su sabor icónico al negocio solar

La frontera entre categorías dejó de ser un límite operativo y pasó a convertirse en una oportunidad estratégica. La reciente incursión de Pepsi en el negocio de la belleza, con un bálsamo labial con protección solar sabor cereza, no es un experimento estético: es una declaración sobre cómo las marcas de consumo masivo buscan capturar relevancia cultural en mercados saturados.

El movimiento se produce en un contexto donde la industria global de la belleza ronda los 777 mil millones de dólares y proyecta superar los 830 mil millones en 2026, con tasas de crecimiento anual cercanas al 7% hacia la próxima década. Frente a ese dinamismo, la decisión de abandonar momentáneamente el territorio tradicional de bebidas revela una lectura clara: el crecimiento orgánico dentro de la categoría ya no garantiza expansión simbólica ni conversación pública.

“El mercado global de belleza alcanzó cerca de USD 777.000 millones en 2025 y podría superar los USD 830.000 millones en 2026, con un crecimiento anual compuesto cercano al 7 % hasta 2035.”

La alianza con Vacation Inc. —especializada en protección solar— introduce un componente táctico relevante. No se trata de una licencia superficial, sino de una colaboración que aporta legitimidad técnica a un producto que combina ingredientes como ácido hialurónico, vitamina E y péptidos, además de validaciones dermatológicas y estándares exigidos por el mercado contemporáneo. En un entorno donde el consumidor castiga la improvisación, la credibilidad es parte del activo.

Sin embargo, el verdadero diferencial no está en la fórmula, sino en la construcción narrativa. La campaña recurre a una estética noventera y a una ficción temporal que sitúa el producto en 1991. La nostalgia, lejos de ser un recurso decorativo, funciona como ancla emocional en audiencias que asocian referencias vintage con autenticidad cultural. En economías digitales dominadas por la sobreexposición, la memoria compartida se convierte en atajo de conexión.

“Las extensiones de categoría ya no son accesorias: se han convertido en una herramienta para sostener relevancia cultural y capturar audiencias jóvenes en entornos digitales saturados.”

Este tipo de extensiones responde a una tendencia más amplia: las grandes marcas buscan convertirse en plataformas culturales antes que en fabricantes de un solo producto. La lógica es clara: cuando el consumo es identidad, la diversificación simbólica puede ser más rentable que la diversificación industrial. Al trasladar el sabor icónico de su bebida a un formato cosmético, Pepsi convierte un atributo sensorial en activo transversal.

El accesorio decorativo incorporado al lanzamiento —pensado para integrarse en bolsos y dinámicas de exhibición social— añade una capa adicional: el producto deja de ser funcional y se convierte en objeto visible, diseñado para circular en redes sociales. En un ecosistema donde la atención precede a la transacción, la visibilidad es parte del modelo de negocio.

“El lanzamiento combina SPF 30, ácido hialurónico y validación dermatológica, trasladando un activo sensorial de la bebida a un formato cosmético con protección solar.”

Para el sector de bebidas, la jugada refuerza una tendencia de expansión hacia categorías adyacentes como moda, bienestar o cuidado personal. Para la industria beauty, confirma la entrada de actores con enorme capacidad de distribución, marketing y capital simbólico. La convergencia eleva la competencia no solo en precio o formulación, sino en narrativa y relevancia cultural.

La pregunta de fondo no es si el bálsamo será un éxito comercial inmediato, sino qué revela sobre la arquitectura de marca contemporánea. Cuando una compañía de refrescos puede disputar atención en cosmética sin erosionar su identidad central, el concepto tradicional de categoría pierde rigidez.

En adelante, el desafío será sostener coherencia estratégica. Las extensiones que suman capital cultural fortalecen el posicionamiento; las que se perciben oportunistas lo diluyen. En un mercado donde el valor intangible pesa tanto como el producto físico, cruzar fronteras puede ser una ventaja competitiva o un riesgo reputacional. Pepsi ha optado por asumirlo.

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