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Pepsi y el auge del marketing hiperlocal: cuando el sabor se convierte en identidad cultural

Pepsi presentó recientemente una edición especial dirigida exclusivamente al consumidor canadiense: una bebida que fusiona su fórmula clásica con notas de miel de maple y vainilla. Esta variación, además de tener una estética premium con una lata dorada, estará disponible por un tiempo muy limitado, reforzando su carácter de pieza de colección más que de producto cotidiano.

“Pepsi convierte su refresco en una experiencia cultural diseñada exclusivamente para el consumidor canadiense.”

Este lanzamiento ocurre en un contexto donde los productos con temática de arce se encuentran en pleno auge. Desde bebidas vegetales saborizadas hasta mantequillas artesanales, el maple ha ganado terreno en menús, redes sociales y cadenas de cafeterías en Canadá. Pepsi se inserta así dentro de un fenómeno cultural que ya estaba en expansión, pero aportando una capa simbólica desde el universo de las bebidas carbonatadas.

La táctica más interesante del movimiento no es el sabor en sí mismo, sino la estrategia que lo sostiene. Pepsi adopta aquí una lógica de hiperlocalización: en lugar de lanzar variaciones globales diseñadas para audiencias amplias, adapta un producto a una identidad geográfica específica y emocionalmente cargada.

El maple cumple el rol perfecto de marcador cultural. Funciona como un símbolo nacional ampliamente reconocido que permite activar orgullo, pertenencia y autenticidad en un solo gesto. Este tipo de operación no solo genera apego, sino que comunica un mensaje implícito: “Esta marca entiende quiénes somos”.

Además, al alinearse con microtendencias que se viralizan en plataformas como TikTok especialmente recetas con arce y bebidas espumadas con avena— la campaña conecta con consumidores jóvenes que valoran tanto la novedad como el sentido local de las experiencias.

El segundo pilar estratégico es la escasez temporal. La ventana de disponibilidad extremadamente corta genera urgencia y fomenta el llamado FOMO (Fear of Missing Out). En este tipo de tácticas, el producto deja de ser un simple refresco y se transforma en un objeto experiencial: algo que debe vivirse antes de que desaparezca.

“La escasez temporal activa el FOMO y transforma un producto común en un objeto de deseo.”

Los datos acompañan esta apuesta. En el ámbito del consumo empaquetado, las ediciones limitadas suelen incrementar la “tasa de prueba” respecto a los lanzamientos permanentes. Igualmente, estudios de comportamiento señalan que una parte significativa de los consumidores se siente más inclinada a adquirir un producto si sabe que no estará disponible por mucho tiempo.

Los lanzamientos limitados operan bajo una regla cultural: no venden únicamente aquello que contienen, sino lo que simbolizan. El caso de Pepsi ilustra un desplazamiento en el marketing contemporáneo: el atributo del producto (el sabor) es relevante, pero su valor social (el momento exclusivo, el guiño cultural, la conversación que provoca) es el verdadero motor.

Este modelo se ha replicado en múltiples categorías. Basta recordar ejemplos como:

  • Heinz y su “Ketchup Caviar”, una reinterpretación festiva para fechas especiales.
  • Lay’s con sus concursos de sabores, que transforman a los consumidores en cocreadores y vuelven la compra un acto lúdico.
  • Starbucks y recetas como el “Unicorn Frappuccino”, fenómeno efímero diseñado para ser fotografiado y compartido antes que consumido.

Estos casos demuestran que, en una economía mediática saturada, las marcas no buscan vender productos, sino momentos, símbolos y narrativas breves que viajan bien en redes.