Gestión del Talento HumanoMANAGEMENT EMPRESARIAL

Reclutamiento en la encrucijada: cuando la tecnología deshumaniza lo que debería conectar

Cada mañana, cientos de profesionales cualificados abren su correo con una mezcla de esperanza y resignación. Buscan ese mensaje que nunca llega: el feedback tras una entrevista, la confirmación de que su candidatura sigue viva, o simplemente la cortesía de un «no» después de tres semanas de silencio.

Según los datos del Work Intelligence Lab de ManpowerGroup, tres de cada diez candidatos abandonan voluntariamente los procesos de selección. No son expulsados del sistema. Simplemente deciden dejar de esperar.

Cuando una empresa pierde un candidato durante el proceso, no solo pierde un posible empleado. Pierde el tiempo invertido en las primeras fases de selección, la oportunidad de contratar a un perfil valioso y, quizá lo más relevante, pierde credibilidad como empleador.

El abandono no es aleatorio. Los candidatos que se marchan suelen ser precisamente aquellos con más opciones en el mercado: perfiles cualificados que reciben múltiples ofertas y que pueden permitirse elegir no solo el salario, sino el trato.

Solo el 19% de las empresas a nivel global considera excelente su proceso de selección. En Europa, la cifra cae al 14%.

El dato es elocuente: uno de cada cuatro profesionales de sectores como tecnología, finanzas o seguros reconoce haber sentido frustración durante algún proceso de selección. Frustración que no nace de una exigencia desmedida, sino de necesidades básicas no cubiertas: saber en qué punto se encuentra, recibir una estimación de tiempos o entender por qué no se ha avanzado a la siguiente fase.

Resulta llamativo que, mientras casi la mitad de las compañías identifica la atracción de talento cualificado como uno de sus principales desafíos, solo una de cada cinco considere excelente su propio proceso de selección. Existe una distancia evidente entre el diagnóstico y la acción.

En Europa el contraste es aún más acusado: apenas el 14% de las empresas europeas otorga una calificación de excelencia a sus procesos de contratación. Esto sugiere que el problema no es coyuntural ni local, sino estructural.

Las organizaciones reconocen que algo falla, pero la transformación de los procesos de selección avanza más lenta que la urgencia del mercado. Mientras tanto, los candidatos acumulan experiencias negativas que luego comparten, influyendo directamente en la reputación corporativa.

La inteligencia artificial ha irrumpido en los departamentos de recursos humanos con la promesa de agilizar, filtrar y optimizar. Y en parte lo consigue: los sistemas automatizados pueden revisar cientos de currículums en minutos, identificar palabras clave y enviar acuses de recibo inmediatos.

Sin embargo, el informe advierte contra lo que podríamos denominar el síndrome de la máquina total. Cuando la automatización se convierte en el centro del proceso y no en una herramienta de apoyo, el candidato deja de sentirse entrevistado para sentirse auditado.

“Cuando las organizaciones ofrecen procesos de selección ágiles, con comunicación fluida y contacto humano, no solo reducen el abandono, sino que empiezan a construir compromiso incluso antes de la incorporación.”

No hay entrevista con algoritmo que pueda transmitir interés genuino. No hay respuesta automática que sustituya a una llamada de diez minutos para explicar por qué un perfil no encaja. La eficiencia mal entendida genera procesos más rápidos pero también más fríos, y el talento prefiere esperar un poco más si a cambio recibe trato personal.

El concepto que emerge con fuerza es el del modelo híbrido consciente. No se trata de abandonar la tecnología, sino de utilizarla para liberar tiempo y dedicarlo a lo que realmente requiere intervención humana: la conversación, la escucha activa, la explicación sincera.

Una empresa que automatiza la preselección pero mantiene entrevistas personales en fases avanzadas, que utiliza chatbots para dudas frecuentes pero garantiza que un profesional responda consultas específicas, está construyendo un proceso escalable pero reconocible.

La diferencia la marca el uso que se hace del tiempo ganado. Si la tecnología sirve para que los equipos de selección puedan dedicar más atención a cada candidato, el proceso mejora. Si solo sirve para procesar más volumen con los mismos recursos, el problema se agrava.

Uno de los aprendizajes más valiosos del informe es que la experiencia del candidato no es un prólogo del empleo, sino el primer capítulo. Las personas que viven un proceso respetuoso, ágil y transparente desarrollan un vínculo con la organización incluso antes de incorporarse.

Ese vínculo se traduce en compromiso real desde el primer día. No hay período de adaptación que recupere la confianza perdida durante un proceso opaco. Tampoco hay salario emocional que compense el malestar de sentirse ignorado durante semanas.

Uno de cada cuatro profesionales en tecnología, finanzas y seguros afirma haberse sentido frustrado durante un proceso de selección.

Algunas compañías están comenzando a aplicar principios de diseño de experiencia de usuario a sus procesos de selección. Miden tiempos de respuesta, analizan puntos de fricción, realizan encuestas anónimas a los candidatos rechazados. Son pasos pequeños pero significativos hacia una visión más integral del reclutamiento.

Durante décadas, la dirección de la mirada en los procesos de selección fue unidireccional: la empresa observaba, analizaba y decidía. El candidato esperaba, respondía y aceptaba.

Ese esquema se ha roto. En sectores con alta demanda de perfiles cualificados, la evaluación es mutua. Los profesionales analizan cómo se les trata durante el proceso con tanta atención como el salario o las condiciones laborales.

Una empresa que tarda dos semanas en responder un correo, que programa entrevistas y las cancela sin aviso, que nunca explica los motivos de un rechazo, está enviando un mensaje muy claro sobre cómo será trabajar allí. Y ese mensaje llega con total nitidez.