Reservas en oro: la advertencia del BCB y los límites de una estrategia que agotó su margen

La reciente advertencia del Banco Central de Bolivia (BCB) sobre la elevada concentración de las Reservas Internacionales Netas (RIN) en oro abre un debate clave sobre la sostenibilidad de la política monetaria aplicada en los últimos años. Con el 85% de las reservas ancladas a un solo activo, el ente emisor reconoce riesgos que ya no pueden ser ignorados: menor liquidez, exposición a la volatilidad internacional y un uso de las reservas que se aleja de los estándares técnicos globales.
Más allá de los datos, el informe presentado por la nueva administración del BCB revela una herencia financiera compleja y decisiones que priorizaron la coyuntura sobre la estabilidad de largo plazo.
Una reserva que creció en valor, no en fortaleza
A diciembre de 2025, Bolivia mantenía 22,3 toneladas de oro, valoradas en más de 3.100 millones de dólares. El incremento frente al año anterior no responde a una acumulación real del metal, sino al alza del precio internacional. En términos estructurales, la posición del país no se fortaleció: simplemente se revalorizó un activo cuya utilidad depende del contexto externo.
Esta distinción es clave. El oro funciona como refugio de valor, pero no como fuente inmediata de liquidez. En escenarios de tensión cambiaria o necesidades urgentes de divisas, su conversión implica costos financieros, tiempos y riesgos de mercado.
Oro como activo financiero, no como resguardo físico
Contrario a la percepción común, la mayor parte del oro boliviano no descansa en bóvedas nacionales. Cerca del 85% está invertido en bancos internacionales mediante operaciones de corto plazo, lo que lo convierte en un instrumento financiero sujeto a condiciones externas y no en un respaldo directo y disponible.
“El desafío no es cuánto valen las reservas, sino qué tan rápido pueden convertirse en divisas cuando el país lo necesita.”
Durante 2025, el BCB compró oro en el mercado interno, pero casi en su totalidad fue refinado y vendido para financiar importaciones de combustibles. Esta dinámica —comprar, procesar y liquidar oro para cubrir gasto corriente— fue calificada por la propia autoridad monetaria como una práctica insostenible y ajena a una gestión prudente de reservas.
Operaciones atípicas y compromisos heredados
El informe también expone operaciones inusuales realizadas por la anterior administración, como compras de oro con adelantos en efectivo concentradas en pocas empresas, así como ventas “forward” que comprometen al país a recomprar toneladas de oro en 2026 a costos elevados.
Estas decisiones no solo redujeron el margen de maniobra del Banco Central, sino que trasladaron obligaciones futuras que presionarán nuevamente las reservas. Más que una política anticíclica, el esquema funcionó como un mecanismo de financiamiento de corto plazo con costos diferidos.
El problema de fondo: concentración y rigidez legal
El mayor riesgo identificado por el BCB no es el oro en sí, sino su peso excesivo dentro del portafolio de reservas. En 2014, este metal representaba poco más del 10% de las RIN, un nivel considerado saludable a nivel internacional. Hoy, ese equilibrio se perdió.
A esto se suma una normativa que obliga a mantener un volumen mínimo de oro sin posibilidad de administración flexible. Por ello, el Banco Central propone modificar la Ley 1503, buscando diversificar activos, reducir vulnerabilidades y proteger el capital frente a shocks externos.

La advertencia del Banco Central marca un punto de inflexión en el discurso oficial sobre las reservas internacionales. Por primera vez, se reconoce abiertamente que la estrategia basada en el oro alcanzó sus límites técnicos y que su uso como fuente de financiamiento corriente debilitó la posición externa del país.
La discusión que se abre no es ideológica, sino técnica: cómo reconstruir reservas líquidas, diversificar riesgos y recuperar credibilidad en la gestión monetaria. El desafío para el Gobierno y la Asamblea Legislativa será traducir este diagnóstico en reformas concretas, evitando que la estabilidad macroeconómica siga dependiendo de la cotización de un solo metal.
En un contexto internacional incierto, la fortaleza de las reservas no se mide solo por su valor contable, sino por su capacidad real de responder a las necesidades del país.
