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UMSA y Unagro: Alianza estratégica para impulsar el bioetanol como alternativa energética nacional

En un contexto donde la suficiencia energética del país muestra signos de declinación, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y la Unión Agroindustrial de Cañeros (Unagro) han decidido transitar un camino común hacia la producción de bioetanol con sello boliviano. Esta alianza, concretada en un reciente encuentro entre autoridades académicas y representantes del sector cañero, no solo busca diversificar la matriz energética nacional, sino también posicionar a la investigación científica como pilar fundamental del desarrollo productivo.

Lo que distingue a esta colaboración es un activo invaluable que pocas instituciones en la región poseen: la capacidad de probar combustibles alternativos a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar. La UMSA dispone del único laboratorio mecánico del país equipado con dinamómetro, una herramienta esencial para medir con precisión el rendimiento de las mezclas de gasolina con bioetanol en condiciones extremas de altura.

“La UMSA es la única institución del país que cuenta con un laboratorio mecánico con dinamómetro, infraestructura clave para medir el desempeño de combustibles en condiciones de altura.”

Este equipamiento, resultado de años de inversión académica, permite simular escenarios reales de conducción en el altiplano, generando datos técnicos que ningún otro centro de investigación nacional podría proporcionar. Las pruebas realizadas anteriormente con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y productores de etanol sentaron las bases para determinar los porcentajes óptimos de mezcla que garanticen eficiencia mecánica sin comprometer la vida útil de los motores.

Detrás del bioetanol como vector energético subyace una propuesta que trasciende lo meramente técnico. La rectora de la UMSA, María Eugenia García, plantea que esta iniciativa representa una oportunidad para repensar el modelo energético desde una lógica de soberanía, donde el conocimiento generado en las aulas se traduzca en soluciones concretas para el abastecimiento interno.

“Desde nuestra universidad creemos que la ciencia y la investigación deben ponerse al servicio de los grandes desafíos del país”, afirmó la rectora María Eugenia García.

El enfoque no se limita a la sustitución de combustibles fósiles. La alianza contempla el fortalecimiento de líneas de investigación permanentes en biocombustibles, lo que permitiría a futuro explorar otras materias primas vegetales más allá de la caña de azúcar, así como optimizar procesos productivos que reduzcan la huella de carbono en toda la cadena de valor.

La propuesta adquiere mayor densidad cuando se observa la estrategia de articulación multisectorial que promueven sus impulsores. Cristóbal Roda, presidente del Ingenio Azucarero Aguaí y parte de la delegación de Unagro, ha manifestado la intención de sumar al sector del autotransporte y a los importadores de vehículos a esta mesa de trabajo.

«Las pruebas de mezclas de gasolina con bioetanol ya se realizaron con éxito a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, en distintos porcentajes.»

Incorporar a estos actores resulta clave por dos razones. Primero, porque permite socializar información técnica confiable sobre los beneficios del bioetanol, disipando mitos acerca de su impacto en los motores. Segundo, porque facilita la transición hacia una norma técnica nacional que regule la calidad y composición de las mezclas, garantizando estándares homogéneos en todo el territorio.

El aval del Ministerio de Hidrocarburos a esta iniciativa no es un dato menor. La participación del Estado como facilitador y eventual regulador del proceso otorga previsibilidad a los inversores y señala una dirección clara en política energética. Para los productores cañeros, esto significa la posibilidad de planificar扩 su producción agrícola con horizontes temporales más amplios, mientras que para la universidad representa la validación de su capacidad técnica como consultora natural del Estado en temas de energía.

Más allá de los laboratorios y las plantas de producción, esta alianza proyecta impactos tangibles en el tejido económico regional. La demanda creciente de bioetanol podría dinamizar las economías locales vinculadas al cultivo de caña, generando empleo calificado y descentralizando las capacidades técnicas hacia las zonas productoras.

La UMSA, por su parte, enfrenta el desafío de traducir su conocimiento acumulado en protocolos aplicables a escala industrial, un ejercicio de transferencia tecnológica que fortalece su función social y la conecta con las necesidades urgentes del país.

En un escenario energético global volátil y con reservas de hidrocarburos en retroceso, iniciativas como esta demuestran que la transición energética no es una abstracción del futuro, sino una construcción colectiva que ya ha comenzado en los laboratorios universitarios y los campos de cultivo bolivianos.