Un respiro en el mercado informal de divisas

En la recta final de enero de 2026, el dólar en el mercado paralelo boliviano ha mostrado un comportamiento inusualmente estable. Las cotizaciones se han movido en un rango cercano a los Bs 9,50, sin volver a superar de forma sostenida la barrera psicológica de los Bs 10, como sí ocurrió en los momentos más tensos de 2024 y 2025, cuando la escasez de divisas y la incertidumbre empujaron el precio incluso hacia niveles mucho más altos.
Este nuevo escenario resulta llamativo no solo por la moderación de las variaciones diarias, sino porque el tipo de cambio informal empieza a aproximarse, aunque todavía con distancia, al valor referencial que publica el Banco Central de Bolivia (BCB). Para algunos analistas, esta convergencia parcial puede interpretarse como una señal de menor especulación y de una presión más contenida sobre la demanda de dólares fuera del sistema financiero formal.
Brecha cambiaria, expectativas y señales al mercado
El dólar paralelo funciona como un termómetro de la desconfianza o de la urgencia por acceder a moneda extranjera cuando los canales oficiales no logran cubrir toda la demanda. A diferencia del tipo de cambio administrado por el BCB —que se mantiene fijo desde hace años—, el mercado informal refleja de manera inmediata las expectativas de importadores, comerciantes, viajeros y ahorristas.
La estabilidad, más que el nivel puntual, será la clave para que este respiro se traduzca en beneficios duraderos para la economía y el bolsillo de los bolivianos.
Que la cotización se mantenga por debajo de los Bs 10 y, además, se acerque gradualmente al valor referencial del ente emisor, sugiere una cierta distensión respecto a meses anteriores. Esto puede estar asociado a una combinación de factores: una oferta algo mayor de dólares, menor presión especulativa o expectativas de estabilidad macroeconómica en el corto plazo. Sin embargo, la brecha con el tipo de cambio oficial sigue siendo amplia, lo que evidencia que persisten tensiones estructurales en el mercado de divisas.
Efectos en precios, comercio y ahorro
Una cotización paralela más moderada tiene implicaciones directas en la economía cotidiana. Para los importadores que deben recurrir al mercado informal, un dólar menos volátil facilita la planificación de compras y reduce el riesgo de trasladar aumentos abruptos a los precios finales. En el caso de productos sensibles al tipo de cambio —como repuestos, tecnología o ciertos insumos industriales—, una menor presión cambiaria puede contribuir a frenar alzas aceleradas, aunque no elimina otros factores inflacionarios.
Desde la perspectiva de los hogares, quienes compran dólares para ahorrar o viajar ven atenuado el costo en bolivianos por cada unidad de moneda extranjera. No se trata de una solución estructural, pero sí de un alivio relativo frente a los picos registrados en años anteriores.
En síntesis, que el dólar paralelo se mantenga cerca de los Bs 9,50 y muestre una trayectoria descendente respecto a sus máximos recientes puede leerse como una señal de calma transitoria. No obstante, la sostenibilidad de esta tendencia dependerá de la evolución de la oferta de divisas, de la confianza en la política económica y de los factores externos que influyen en la región. La estabilidad, más que el nivel puntual, será la clave para que este respiro se traduzca en beneficios duraderos para la economía y el bolsillo de los bolivianos.
