Coyuntura

Un respiro fiscal que reabre el debate económico

Bolivia inició el año con una señal poco habitual en los últimos ejercicios: un superávit fiscal de Bs 2.300 millones en enero, equivalente a cerca del 0,5% del PIB. El dato contrasta con el déficit registrado en el mismo mes del año anterior y fue presentado por el Gobierno como una primera evidencia del proceso de estabilización macroeconómica. Sin embargo, especialistas coinciden en que el resultado debe analizarse con prudencia, ya que responde en parte a factores coyunturales y no necesariamente a un cambio estructural en las finanzas públicas.

Desde el Ejecutivo, el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, atribuyó este desempeño a los ajustes recientes en política fiscal, en especial a la reducción del costo del subsidio a los combustibles, una medida que habría disminuido el contrabando y aliviado la presión sobre el Tesoro General de la Nación.

El superávit de enero, por tanto, funciona más como una señal política y simbólica que como una solución definitiva.

Para los analistas, el resultado de enero tiene luces y sombras. Por un lado, se reconoce que el ajuste en los precios de los combustibles tuvo un impacto directo en el gasto público. Por otro, se recuerda que enero suele ser un mes atípico en términos fiscales. La ejecución presupuestaria es todavía baja y muchos desembolsos relevantes se concentran en los meses posteriores.

Además, influyó la decisión gubernamental de postergar algunos pagos, como la renta a jubilados, que se trasladó a febrero. Esto refuerza la idea de que el superávit observado no refleja aún un equilibrio fiscal genuino. De hecho, ambos economistas consultados coinciden en que la mayor presión sobre las cuentas públicas se produce hacia fin de año, cuando se concentran salarios, aguinaldos, contratos y otras obligaciones.

En este sentido, el saldo positivo de enero aparece más como una fotografía momentánea que como una tendencia consolidada.

El Gobierno proyecta que el primer tramo del año podría mantener números favorables gracias a la recaudación tributaria, aunque reconoce que el objetivo central es reducir gradualmente el déficit fiscal, no eliminarlo de forma inmediata. Espinoza descartó recortes masivos de personal y habló de una racionalización del gasto que también involucre a los gobiernos subnacionales.

Desde la mirada crítica, se advierte que el superávit no es sostenible en el mediano plazo. Bolivia enfrenta compromisos significativos, entre ellos el servicio de la deuda externa, que ronda los 1.800 millones de dólares anuales, y obligaciones derivadas de operaciones financieras vinculadas a la venta anticipada de oro. Estas cargas fiscales volverán a presionar las cuentas públicas en los próximos meses.

A esto se suma un problema de fondo: las pérdidas de las empresas públicas, que son compensadas recurrentemente con transferencias del Tesoro. Al descontar estos aportes, emerge una parte importante del déficit fiscal que no se corrige con ajustes temporales.

En paralelo, el Ministerio de Economía informó que las reservas internacionales en divisas del Banco Central cerraron en 493 millones de dólares, y destacó el acceso reciente a 650 millones de dólares en créditos externos, además de compromisos futuros con organismos multilaterales como la CAF y el BID.

El dato contrasta con el déficit registrado en el mismo mes del año anterior y fue presentado por el Gobierno como una primera evidencia del proceso de estabilización macroeconómica.

Este financiamiento aporta oxígeno a corto plazo y ayuda a sostener el pago de deuda, la importación de combustibles y la estabilidad cambiaria. No obstante, los analistas advierten que el alivio es transitorio: los créditos fortalecen las reservas hoy, pero implican mayores pagos mañana.

El superávit de enero, por tanto, funciona más como una señal política y simbólica que como una solución definitiva. Marca un punto de inflexión en el discurso oficial, pero deja abierta una pregunta clave para los próximos meses: si Bolivia logrará transformar este respiro fiscal inicial en una senda sostenible o si volverá a enfrentar las mismas tensiones estructurales que han definido su economía en los últimos años.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *