Tecnología

El ADN como el sistema de almacenamiento definitivo: la tecnología que podría preservar datos durante miles de años

Desde los papiros y las tablillas de arcilla hasta los libros impresos y los discos duros, la historia de la humanidad ha estado marcada por la necesidad de conservar información y transmitirla de generación en generación. Sin embargo, incluso los medios más avanzados de la era digital, como los SSD y los HDD, tienen una limitación crítica: su vida útil rara vez supera una o dos décadas.

Frente a este desafío, la ciencia ha comenzado a explorar una alternativa que parece sacada de la ciencia ficción, pero que ya es una realidad en fase experimental: el almacenamiento de datos en ADN. Esta tecnología promete una durabilidad de hasta 1.000 años, una densidad de información sin precedentes y un consumo energético prácticamente nulo una vez que los datos han sido escritos.

El principio es tan elegante como revolucionario. El ADN se compone de cuatro bases —adenina, timina, citosina y guanina (A, T, C y G)— que pueden organizarse en secuencias capaces de codificar información. Para que los ordenadores puedan interpretarla, estas bases se agrupan en pares que representan el sistema binario de 0 y 1, permitiendo traducir archivos digitales a cadenas biológicas.

Según Mark Bathe, investigador del MIT y de la Universidad de Harvard, el potencial de esta tecnología es extraordinario: el ADN puede ser hasta mil veces más denso que la memoria flash y, una vez sintetizado, no requiere energía para su conservación. En palabras del científico, “puedes escribir el ADN y luego almacenarlo para siempre”.

A largo plazo, el ADN podría convertirse en el complemento definitivo de los sistemas actuales, actuando como una copia de seguridad casi eterna.

De hecho, ya existen experimentos concretos que demuestran su viabilidad, como la encapsulación de textos en microcápsulas de sílice o incluso la publicación de libros almacenados en cadenas de ADN, como una antología de Asimov distribuida en cápsulas biológicas.

No obstante, el almacenamiento en ADN aún enfrenta barreras significativas. El coste de producción es extremadamente alto —se estima en torno a un billón de dólares por cada millón de gigabytes— y los procesos de lectura son lentos, con velocidades que apenas alcanzan el kilobyte por segundo. Además, la recuperación de la información requiere técnicas complejas de identificación y secuenciación.

Por estas razones, los expertos coinciden en que, a corto y medio plazo, esta tecnología no sustituirá a los SSD ni a los sistemas en la nube, sino que se perfila como una solución para el archivo de “datos fríos”: información que no necesita acceso inmediato, pero que debe conservarse durante siglos, como registros científicos, culturales o históricos.

A largo plazo, el ADN podría convertirse en el complemento definitivo de los sistemas actuales, actuando como una copia de seguridad casi eterna. Un “disco duro biológico” capaz de preservar la memoria digital de la humanidad cuando los formatos electrónicos de hoy hayan quedado obsoletos.

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