Coyuntura

Banca mundial destina US$906.000 millones al sector fósil

La transición energética atraviesa una paradoja cada vez más evidente. Mientras gobiernos, inversionistas y organismos multilaterales mantienen compromisos para reducir emisiones y acelerar la descarbonización, los principales bancos del mundo están incrementando nuevamente su exposición financiera a los combustibles fósiles. Lo que parecía una tendencia de repliegue comienza a mostrar señales de reversión.

Los datos más recientes revelan que los 65 mayores bancos del sistema financiero internacional destinaron alrededor de US$906.000 millones al financiamiento de proyectos vinculados al petróleo, gas y carbón durante 2025. La cifra representa un incremento cercano al 8% respecto al año anterior y marca un cambio relevante en la asignación global de capital hacia sectores energéticos tradicionales.

Más allá del volumen financiero, el fenómeno resulta significativo por los actores involucrados. JPMorgan Chase volvió a liderar el financiamiento global del sector, seguido por entidades como Citigroup, Bank of America, MUFG y Mizuho. La participación de estos grupos financieros refleja que la seguridad energética, la rentabilidad y la demanda persistente de hidrocarburos continúan influyendo en las decisiones de inversión, incluso en un entorno donde los criterios ambientales tienen un peso creciente en los mercados.

«Los 65 bancos más grandes del mundo canalizaron US$906.000 millones hacia combustibles fósiles durante 2025, consolidando un repunte del financiamiento al sector energético tradicional.»

El aumento de los flujos hacia combustibles fósiles coincide con un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas, volatilidad energética y preocupaciones sobre el abastecimiento. En diversas economías, los gobiernos han priorizado garantizar el suministro energético frente a los riesgos de interrupciones o encarecimiento de recursos estratégicos. Bajo esa lógica, los proyectos relacionados con petróleo y gas mantienen atractivo financiero pese a los compromisos climáticos asumidos durante la última década.

Un dato especialmente relevante es que más de US$508.000 millones fueron dirigidos a iniciativas de expansión fósil, es decir, proyectos destinados a aumentar capacidad de producción, transporte o infraestructura energética. Este monto representa un crecimiento cercano al 27% respecto al año previo y sugiere que parte importante del financiamiento no se limita a sostener operaciones existentes, sino que busca ampliar la presencia futura de estos recursos en la matriz energética mundial.

Para los mercados, la tendencia expone una tensión estructural entre la velocidad deseada de la transición energética y las condiciones económicas reales que enfrentan empresas, gobiernos e inversionistas. Aunque las energías renovables continúan expandiéndose y captando inversiones récord en numerosos mercados, la demanda global de hidrocarburos sigue siendo elevada, especialmente en sectores industriales, transporte pesado y economías emergentes donde la sustitución tecnológica avanza a ritmos distintos.

«JPMorgan lideró la financiación global con US$58.000 millones, reflejando que las prioridades de rentabilidad siguen pesando en las decisiones de asignación de capital.»

La situación también plantea interrogantes sobre la credibilidad y alcance de los compromisos climáticos adoptados por el sector financiero. Durante los últimos años, numerosas entidades bancarias anunciaron objetivos de reducción de emisiones financiadas y estrategias de alineación con metas de carbono neutralidad. Sin embargo, el incremento de los recursos destinados al sector fósil muestra que las presiones económicas y las oportunidades de rentabilidad continúan teniendo un peso determinante en la toma de decisiones.

Más que una contradicción aislada, el fenómeno revela una realidad compleja: la transición energética global no avanza de forma lineal. La coexistencia entre inversiones verdes y financiamiento a combustibles fósiles parece consolidarse como una característica del mercado energético durante los próximos años. Para bancos, empresas e inversionistas, el desafío no será únicamente financiar el cambio de modelo energético, sino gestionar el equilibrio entre las necesidades actuales de suministro y los objetivos climáticos de largo plazo.

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