Citi Wealth detecta un giro en la gestión patrimonial latinoamericana

La inflación volvió a ocupar un lugar central en la gestión de grandes patrimonios, desplazando parte de las preocupaciones que dominaron el escenario financiero de 2025. El cambio no está llevando a las oficinas familiares a retirarse de los mercados, sino a revisar cómo proteger el valor real de sus activos mientras mantienen capacidad de crecimiento.
El Global Family Office Report 2026 de Citi Wealth, elaborado a partir de una encuesta a 351 oficinas familiares de 40 países, muestra precisamente esa tensión: los portafolios mantienen un desempeño positivo, pero la incertidumbre sobre inflación, tasas de interés, estabilidad financiera y volatilidad está modificando las prioridades de asignación de capital.
La rentabilidad ya no es el único parámetro
Casi 90 % de las oficinas familiares consultadas reportó un desempeño positivo de sus portafolios durante el año. En América Latina, una proporción importante se concentra en rentabilidades anuales de entre 5 % y 10 %. Sin embargo, estos resultados conviven con una preocupación creciente por la capacidad de preservar el poder adquisitivo del patrimonio.
“Casi 90 % de las oficinas familiares consultadas reportó un desempeño positivo de sus portafolios durante el año.”
Ese contraste ayuda a explicar el comportamiento de los inversionistas. La respuesta no ha sido una reducción generalizada de la exposición al mercado. En cambio, gana importancia una combinación de instrumentos de ingresos de corto plazo, activos de mayor calidad y diversificadores con sensibilidad frente a la inflación. La prioridad pasa así de buscar únicamente rendimiento nominal a administrar de manera más explícita el riesgo de pérdida de valor real.
Latinoamérica mantiene una estrategia activa
La reacción regional también muestra que la incertidumbre geopolítica no se ha traducido en una retirada masiva de los mercados. A nivel global, más de 40 % de las oficinas familiares no realizó cambios importantes en sus portafolios frente a los acontecimientos geopolíticos recientes.
En América Latina, el comportamiento es algo distinto: 30 % de las oficinas familiares recurrió a una gestión activa y otro 13 % utilizó estrategias de cobertura. La diferencia refleja una aproximación en la que el portafolio se ajusta selectivamente en lugar de modificarse por completo ante cada episodio de volatilidad.
Al mismo tiempo, la renta variable recupera protagonismo como destino para nuevos capitales. Casi la mitad de las oficinas familiares aumentó su exposición a acciones públicas durante el año y 52 % de las latinoamericanas prevé incrementar en los próximos 12 meses sus inversiones en renta variable de mercados desarrollados. La señal es relevante porque muestra que la búsqueda de protección no necesariamente implica abandonar activos con mayor potencial de crecimiento.
Una estructura patrimonial todavía concentrada en activos líquidos
La composición de los portafolios latinoamericanos ayuda a contextualizar esa estrategia. El 33 % de las asignaciones corresponde a renta variable pública y otro 24 % a renta fija, lo que mantiene una participación significativa de activos tradicionales y líquidos.
La combinación plantea una ecuación particularmente sensible al comportamiento de las tasas de interés y la inflación. En un entorno de cambios en el costo del dinero, la duración de la renta fija, la calidad crediticia y la capacidad de las acciones para generar retornos reales adquieren mayor relevancia en las decisiones de asignación.
“52 % de las latinoamericanas prevé incrementar en los próximos 12 meses sus inversiones en renta variable de mercados desarrollados.”
Por eso, el comportamiento observado no puede interpretarse únicamente como una búsqueda de mayor rentabilidad. También refleja una gestión de liquidez, preservación patrimonial y diversificación frente a distintos escenarios macroeconómicos.
La gestión patrimonial se vuelve más institucional
El cambio no ocurre solamente dentro de los portafolios. También está modificando la estructura mediante la cual las familias toman decisiones de inversión.
América Latina registra una adopción de comités formales de inversión superior al promedio global: 68 % frente a 63 %. Además, 86 % de las oficinas familiares de la región realiza evaluaciones periódicas de desempeño y reajuste de portafolios. Estos datos apuntan a una mayor formalización de los procesos de decisión y a una separación más clara entre patrimonio familiar, análisis financiero y ejecución de inversiones.
La inteligencia artificial se incorpora a esa transformación desde aplicaciones operativas concretas. Las oficinas familiares latinoamericanas destacan en automatización de flujos de trabajo y conciliaciones, principalmente por su capacidad para reducir tareas manuales y mejorar la precisión de los reportes. El avance, por tanto, no se limita a incorporar tecnología para invertir, sino también a transformar la infraestructura administrativa que sostiene la gestión patrimonial.
La internacionalización agrega otra capa de complejidad
La evolución demográfica y geográfica de las familias también tendrá consecuencias sobre la administración de estos patrimonios. El 58 % de las oficinas familiares latinoamericanas espera una mayor internacionalización de la familia durante los próximos cinco años, frente a 38 % a escala global.
Ese proceso puede ampliar la diversidad de jurisdicciones, monedas, activos y estructuras legales que deben gestionarse. Para las oficinas familiares, la internacionalización deja de ser únicamente una cuestión de diversificación financiera y pasa a involucrar también gobernanza, coordinación patrimonial y continuidad de las decisiones entre distintas generaciones y territorios.
“Solo 9 % de las oficinas familiares latinoamericanas se considera bien preparada para una transición de liderazgo.”
Aquí aparece uno de los principales puntos de vulnerabilidad identificados por el informe. Solo 9 % de las oficinas familiares latinoamericanas se considera bien preparada para una transición de liderazgo, la proporción más baja entre las regiones analizadas. El dato introduce una dimensión distinta al debate sobre inversión: incluso un portafolio correctamente estructurado enfrenta riesgos si la organización familiar no está preparada para transferir responsabilidades y preservar los procesos de decisión.
El desafío pasa de rentabilidad a resiliencia
El panorama que dibuja Citi Wealth combina tres movimientos simultáneos: preocupación por la inflación, continuidad de la inversión en mercados y mayor formalización de la gestión. En lugar de responder a la incertidumbre mediante una retirada generalizada, las oficinas familiares latinoamericanas parecen estar ajustando mecanismos de protección, diversificación y gobierno patrimonial.
La cuestión estratégica hacia adelante será cómo equilibrar preservación y crecimiento en un entorno donde inflación y tasas de interés continúan condicionando los retornos reales. A esto se suman una mayor internacionalización de las familias y una transición generacional todavía insuficientemente preparada.
En ese contexto, la gestión del patrimonio familiar se desplaza hacia una lógica más estructurada: no se trata únicamente de cuánto puede rendir un portafolio, sino de cómo puede sostenerse, adaptarse y transferirse frente a cambios económicos, financieros y organizativos. El siguiente ciclo para las oficinas familiares latinoamericanas estará determinado tanto por sus decisiones de inversión como por la capacidad de sus estructuras internas para responder a ese entorno.
