Formar a los conductores del futuro: la apuesta de Imcruz y el Automóvil Club Boliviano por una movilidad más segura

La seguridad vial es uno de los desafíos sociales más urgentes del país. Cada año, miles de personas sufren lesiones o pierden la vida en accidentes de tránsito que, en la mayoría de los casos, podrían prevenirse con una adecuada formación ciudadana. En ese contexto, una reciente alianza entre Imcruz – Inchcape Bolivia y el Automóvil Club Boliviano (ACB) busca abordar el problema desde su origen: la educación temprana.
El desafío silencioso de los siniestros viales en Bolivia
Los accidentes de tránsito representan una problemática persistente y poco visibilizada en Bolivia. Solo durante la primera mitad de 2025, las autoridades registraron más de 9.700 siniestros, lo equivalente a 53 accidentes diarios. Las consecuencias fueron especialmente alarmantes: más de 8.000 personas lesionadas, incluyendo casi 1.200 niñas, niños y adolescentes.
“Más de 9.700 siniestros viales en seis meses evidencian la urgencia de educar a los futuros conductores.”
Aunque las cifras describen el impacto, el trasfondo revela una tendencia preocupante: la conducta del conductor es la principal causa, asociada a factores evitables como la imprudencia, la falta de atención o el consumo de alcohol. Esta relación plantea una necesidad estratégica: formar hábitos responsables antes de que los jóvenes tomen el volante.
Educación vial temprana: una inversión social con retorno garantizado
Numerosos estudios internacionales coinciden en que introducir educación vial en la adolescencia contribuye a reducir la tasa de accidentes de manera significativa en la vida adulta. La razón es simple: los hábitos de seguridad —usar cinturón, respetar señalización, evitar distracciones— se consolidan mejor cuando se aprenden antes de los 18 años.
En el país, este enfoque ha sido poco explorado. Por ello, el programa “Yo me muevo seguro”, impulsado por Imcruz en alianza con el ACB, plantea una propuesta innovadora para Bolivia al integrar talleres vivenciales, campañas educativas y contenidos pedagógicos directamente en unidades educativas públicas y privadas.
La alianza: sector automotriz y sociedad civil trabajando juntos
Más allá de la formación técnica o comercial asociada a la industria automotriz, el rol del sector en la construcción de una movilidad más segura es cada vez más reconocido a nivel global. Imcruz, parte de Inchcape y referente del mercado boliviano, asume este enfoque como parte de su estrategia de sostenibilidad, mientras que el Automóvil Club Boliviano aporta experiencia, certificación y capacidad pedagógica.
La combinación resulta estratégica por tres razones:
- Amplifica el alcance social: al llegar directamente a adolescentes en edad escolar.
- Integra a actores no estatales: reduciendo la dependencia exclusiva del sector público.
- Promueve una visión sistémica de la seguridad vial: que incluye educación, responsabilidad y conciencia ciudadana.
“El programa busca preparar a adolescentes para asumir un rol activo en la seguridad vial del país.”
Construir cultura vial: el objetivo que va más allá de los talleres
Aunque la implementación inicial se enfoca en actividades educativas, el verdadero impacto del proyecto radica en su potencial para formar multiplicadores sociales. Es decir, jóvenes capaces de replicar y expandir conductas seguras dentro de sus familias y comunidades.
La educación vial no solo reduce accidentes; también mejora la convivencia urbana, disminuye los costos asociados a emergencias y contribuye a ciudades más ordenadas y humanas. Países que invirtieron en este enfoque hace dos décadas —como España o Chile— experimentaron reducciones de hasta 50 % en siniestros fatales durante sus procesos de reforma urbana y vial.
Una visión alineada con estrategias globales de sostenibilidad
La alianza se inscribe en el marco de la estrategia Accelerate+ de Inchcape, donde la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un pilar operacional. Esto implica que la empresa no solo distribuye vehículos; también promueve dinámicas que mejoren la seguridad, la resiliencia urbana y la calidad de vida.
La transición hacia ciudades más seguras no depende únicamente de infraestructura o normativa; depende de cultura, y ese elemento solo puede construirse desde la formación.
