Nutrición de cultivos aumenta rendimientos hasta en 20% y ayuda a mitigar los impactos del exceso de lluvias

El Programa de Nutrición de Cultivos que implementa la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), desde hace 12 campañas agrícolas continuas, con prácticas basadas en análisis de suelo, generó resultados óptimos en la productividad agrícola, con incrementos promedio de rendimiento de hasta 20% y beneficios económicos que oscilan entre los 90 y los 450 dólares por hectárea.
Así lo informó el especialista en nutrición de cultivos, Nahuel Reussi Calvo, tras una gira técnica por distintas zonas productivas del departamento, donde evaluó los avances del programa desarrollado junto a productores afiliados. “El eje central del programa es medir para decidir. Así como un médico solicita un análisis de sangre antes de dar un tratamiento, en agricultura el análisis de suelo es clave para definir cuándo y dónde fertilizar”, explicó el experto.
Experto en fertilización de suelos destaca avances del programa impulsado por Anapo. Indica que el reto ahora es masificar el uso de análisis de suelo en Santa Cruz para una intervención adecuada a cada productor, para aumentar la productividad de los cultivos.
Reussi Calvo, quien encabeza el Programa de Nutrición de Cultivos de Anapo, señaló que uno de los principales desafíos identificados en el departamento de Santa Cruz es la deficiencia de nitrógeno, asociada a la pérdida de materia orgánica en los suelos a lo largo del tiempo. A esto se suman carencias de azufre, fósforo y potasio en distintas regiones.
“Los sistemas productivos redujeron los niveles de materia orgánica, lo que impacta directamente en la disponibilidad de nutrientes. Por eso, una fertilización basada en diagnóstico de suelos permite recuperar productividad y eficiencia”, precisó.
En el contexto de lluvias intensas que atraviesa Santa Cruz desde mediados de febrero, Reussi Calvo destacó que la nutrición balanceada también cumple un rol estratégico para reducir los efectos negativos del exceso de precipitaciones. “Un suelo bien nutrido tiene mejor estructura; es decir, más porosidad, mejor infiltración y mayor estabilidad. Eso ayuda a disminuir los problemas de encharcamiento, escurrimiento y pérdida de suelo”, explicó.

Además, subrayó que los nutrientes aplicados no se pierden completamente ante eventos adversos, sino que permanecen en el sistema y pueden ser aprovechados por cultivos posteriores, con un efecto residual positivo.
El programa, que ya acumula 12 campañas agrícolas y más de 125 ensayos a campo, ingresará a una nueva etapa con énfasis en ampliar su alcance y mejorar la transferencia de conocimiento hacia productores pequeños, medianos y grandes. “Queremos que puedan conocer los resultados, incluso a través de plataformas digitales donde visualicen recomendaciones específicas según su zona”, indicó el especialista en fertilidad de suelos y nutrición vegetal. Reussi Calvo enfatizó que la adopción de estas prácticas no solo mejora la rentabilidad, sino que también contribuye a una agricultura más sostenible, eficiente y resiliente frente a condiciones climáticas adversas.
