Aggreko refuerza Costa Rica ante una nueva presión energética

La expansión de 90 MW que Aggreko incorporará a Costa Rica refleja un cambio relevante en la gestión de los sistemas eléctricos: incluso una matriz dominada por fuentes renovables necesita capacidad firme para responder cuando factores climáticos o picos de demanda reducen el margen disponible.
El proyecto tendrá una duración estimada de dos años y medio y está diseñado para respaldar uno de los desarrollos térmicos relevantes del país, con participación del sector público. La instalación podría alcanzar su operación completa en aproximadamente 120 días, una característica que sitúa la velocidad de despliegue como parte importante de la propuesta energética.
El movimiento adquiere mayor dimensión al observar el antecedente inmediato. En 2024, Aggreko puso en funcionamiento una instalación de 105 MW en Moín, Limón, durante una crisis energética vinculada con la sequía y la menor disponibilidad de generación hidroeléctrica. La experiencia muestra que la necesidad de capacidad temporal o complementaria no surge únicamente de decisiones de planificación, sino también de la exposición del sistema a condiciones climáticas variables.
El desafío detrás de una matriz renovable
Costa Rica genera cerca del 99 % de su electricidad mediante fuentes renovables. Esa composición reduce la dependencia estructural de combustibles fósiles, pero no elimina los riesgos asociados con la disponibilidad de generación. Cuando fenómenos como El Niño afectan los recursos hídricos, la capacidad de respaldo adquiere una función crítica para mantener la continuidad del suministro.
“La instalación podría alcanzar su operación completa en aproximadamente 120 días.”
En ese contexto, los 90 MW adicionales no deben interpretarse únicamente como nueva capacidad instalada. También muestran cómo la seguridad energética está adquiriendo una dimensión más flexible: generación firme, almacenamiento y soluciones híbridas pueden utilizarse para cubrir períodos específicos en los que las fuentes convencionales o renovables no ofrecen suficiente disponibilidad.
Aggreko ha comenzado a explorar precisamente esa combinación en Costa Rica, mediante soluciones que integran generación térmica y solar con baterías de almacenamiento. La evolución resulta relevante porque desplaza la discusión desde una oposición simple entre generación térmica y renovable hacia modelos que buscan combinar disponibilidad, capacidad de respuesta y eficiencia operativa.
El mercado costarricense también tiene peso dentro de la estrategia regional de la compañía. Costa Rica representa aproximadamente el 7 % del volumen de operaciones de Aggreko en Latinoamérica, mientras que la empresa anunció este año una inversión de US$216 millones destinada a fortalecer su capacidad operativa, infraestructura y disponibilidad de equipos en la región.
La rapidez como factor de competitividad energética
La posibilidad de desplegar los nuevos 90 MW en alrededor de 120 días introduce otra variable estratégica: el tiempo. Para sistemas eléctricos sometidos a incrementos de demanda, restricciones temporales o eventos climáticos, disponer de capacidad que pueda entrar en operación con relativa rapidez puede complementar inversiones de infraestructura que requieren plazos considerablemente mayores.
“En 2024, Aggreko puso en funcionamiento una instalación de 105 MW en Moín, Limón.”
Para el sector industrial y comercial, el impacto está relacionado directamente con la confiabilidad del suministro. Las interrupciones eléctricas pueden trasladarse a costos operativos, pérdidas de producción y restricciones para ampliar actividades. Por ello, la disponibilidad de respaldo energético no es únicamente una cuestión técnica, sino también una variable vinculada con la continuidad empresarial.
La experiencia costarricense plantea, además, una señal para otros mercados latinoamericanos con elevada exposición hidroeléctrica. La diversificación de fuentes no necesariamente implica abandonar las renovables; puede significar desarrollar mecanismos de respaldo capaces de absorber temporalmente las variaciones de generación y demanda.
El escenario también evidencia una transformación en el negocio energético: la generación ya no se analiza exclusivamente por la cantidad de megavatios disponibles, sino por la capacidad de responder cuándo, dónde y durante cuánto tiempo se necesita esa energía. En ese modelo, las baterías, los sistemas híbridos y la generación flexible adquieren una función complementaria dentro de la planificación eléctrica.
A futuro, la experiencia de Costa Rica puede servir como referencia para evaluar cómo los sistemas eléctricos latinoamericanos equilibran tres necesidades simultáneas: mantener una alta participación renovable, garantizar continuidad del suministro y disponer de mecanismos de respuesta ante fenómenos climáticos. Para las empresas energéticas, esto abre un mercado en el que la flexibilidad y la capacidad de despliegue pasan a tener un peso creciente junto con la generación tradicional.
