MANAGEMENT EMPRESARIAL

Francisco Shwortshik Jegó: El CEO que aprendió a liderar antes de dirigir

Francisco Shwortshik Jegó: El CEO DE SOBOCE S.A.

Antes de dirigir una de las compañías industriales más relevantes del país, Francisco Javier Shwortshik Jegó aprendió una verdad que no aparece en los manuales de gestión: el liderazgo empieza cuando alguien decide sostener a otros, incluso cuando la vida exige más de lo posible.

Tenía seis años cuando su madre, Rosa Margarita, quedó al frente de su familia. No hubo discursos solemnes ni lecciones pensadas para formar a un futuro CEO. Hubo algo más poderoso: una mujer levantándose cada día con la determinación de no rendirse, educar con principios y construir un horizonte para sus hijos. Años después, al tomar decisiones complejas en SOBOCE, esa escena íntima volvería convertida en brújula ejecutiva.

“Mi madre, Rosa Margarita, me enseñó dos cosas que se han vuelto la columna vertebral de mi forma de liderar: el sentido del deber y la convicción de hacer siempre lo correcto, aun cuando lo correcto sea lo más difícil”, afirma.

En un mundo empresarial donde muchas veces se asocia liderazgo con mando o influencia, el CEO de SOBOCE S.A. propone una lectura más exigente: liderar es responder. Responder por el equipo, por la empresa y por las familias que dependen de las decisiones tomadas desde la alta dirección.

“Como CEO uno toma decisiones todos los días en las que es más cómodo postergar, ceder o mirar para otro lado”, sostiene. Esa frase revela una tensión conocida por quienes ocupan posiciones C-Level: evitar una decisión difícil o asumir el costo de tomarla.

“Asumir la conducción de una compañía en un entorno complejo, con presiones desde múltiples frentes… no es un cargo: es una prueba diaria del carácter”

En su caso, la respuesta viene de una enseñanza materna que se volvió criterio de conducción. “Lo que ella me enseñó, sin discursos, fue que el carácter de una persona se mide en esos momentos”, recuerda. Por eso su definición de liderazgo es directa: “Liderar para mí no es ejercer poder: es asumir un deber”.

La historia que marcó a Shwortshik Jegó no está construida sobre un sacrificio aislado, sino sobre una decisión repetida todos los días. Rosa Margarita se separó cuando él era niño y, desde ese momento, se convirtió en su puntal y guía. Sacar adelante a una familia sola exigía una fortaleza que él, con apenas seis años, no podía dimensionar, pero sí sentir.

Con el tiempo, esa fortaleza se transformó en una lección de vida y de empresa. “Lo que más me marcó no fue un sacrificio puntual, sino la constancia: la decisión diaria, sostenida en el tiempo, de no rendirse”, señala.

Esa constancia fue levantarse con un propósito, sostener una casa, formar hijos con principios y no permitir que la adversidad definiera el futuro. “Esa entrega silenciosa, sin reclamos, es probablemente la lección más poderosa que recibí en toda mi vida”, afirma.

En la alta dirección, los valores solo importan cuando sobreviven a la presión. Para Shwortshik Jegó, cuatro valores heredados de su madre sostienen su forma de liderar: integridad, resiliencia, disciplina del deber y coraje para soñar.

La integridad es hacer lo correcto aunque nadie esté mirando. La resiliencia también ocupa un lugar central. “Ella me enseñó que las crisis pasan, pero las decisiones tomadas durante una crisis quedan”, sostiene.

A ello suma la disciplina del deber: “Cuando uno tiene un cargo, tiene una obligación con quienes confiaron en él”. Y junto a esa responsabilidad aparece el coraje para soñar. “Ella me enseñó a soñar mis objetivos y luchar por ellos. Esa convicción está detrás de cada transformación industrial que he liderado en casi tres décadas en la industria del cemento”.

“Tranquilo, todo pasa”… Esas tres palabras me han acompañado en cada decisión crítica de mi carrera”

Uno de los momentos profesionales en los que más recordó las enseñanzas de su madre fue durante el proceso de transformación industrial de SOBOCE en Bolivia. En esos días, la presión no daba tregua. Y cuando el ruido externo podía imponer miedo, apareció una frase sencilla, pero de enorme valor ejecutivo: “hay que tener calma en los momentos complejos, porque todo pasa”.

Para Shwortshik Jegó, esa enseñanza permitió algo esencial: decidir desde la cabeza y no desde el miedo. “Y eso, en un CEO, es la diferencia entre destruir valor o construirlo”, afirma.

La calma no es pasividad. Es gobierno interior: ordenar prioridades cuando el entorno empuja hacia la reacción y evitar que el miedo decida por el líder.

Al hablar del impacto de su madre en la persona que es hoy, Shwortshik Jegó no separa al ejecutivo del ser humano. Determinante, “Soy en buena parte quien soy gracias a ella”, reconoce. Su sentido ético, la importancia que le da a la palabra dada y su convicción de que el trabajo digno transforma vidas llevan la huella de Rosa Margarita.

“Cuando hoy lidero un proceso de transformación industrial, cuando construyo una alianza estratégica, cuando defiendo una decisión difícil frente al directorio, o cuando acompaño a mi propio hijo en su camino”, hay una voz interior que guía sus prioridades. “Esa voz, en el fondo, es de mi madre”.

Entre todos los recuerdos, hay una frase que se convirtió en su brújula: “tranquilo, todo pasa”. Rosa Margarita la decía cuando algo parecía imposible de resolver. No era resignación, sino perspectiva. Era una manera de recordarle que ninguna crisis es eterna y que el carácter se revela cuando la tormenta todavía no termina.

Al resumir lo que su madre representa, el CEO de SOBOCE elige una frase que condensa toda una vida: “Gracias, mamá. Lo que soy, lo soy por ti. Cada cimiento de mi vida lleva tu nombre”.

En la voz de un líder de la industria del cemento, la palabra cimiento tiene una fuerza especial. Habla de aquello que no siempre se ve, pero sostiene todo lo demás. Francisco Javier fue formado por una mujer que le enseñó a no rendirse, a hacer lo correcto y a mantener la calma.

Ese es el verdadero legado de Rosa Margarita: no haberle enseñado a buscar poder, sino a asumir responsabilidad. Porque el liderazgo que perdura no se construye desde la autoridad del cargo, sino desde la profundidad del carácter.

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