Historia del daiquiri

El daiquirí se ha convertido en el cóctel nacional cubano, enterate de los detalles y de su historia.

El 19 de julio, se celebra el Día Mundial del Daiquirí, el primero desde que en febrero de este año la Asociación de Cantineros de Cuba declarara a ese coctel como representante de nuestro país en la cartera de cocteles clásicos de la International Bartender Association. Más allá de lo que algunos amantes del Mojito podamos decir al respecto, la historia y la leyenda de esta mezcla son fascinantes.

El primer capítulo de la historia del Daiquirí, sabroso y sensual cóctel, fue escrito en medio del mágico encuentro de dos mundos diferentes, cuando los embajadores del placer intercambiaron la transparencia de las volutas del tabaco por el ardiente dulce de la caña de azúcar y por supuesto, su hijo predilecto, el ron, el verdadero ciclón del Caribe.

En el año 1896, en las inmediaciones de Santiago de Cuba, en la Zona Daiquirí, existía una mina de hierro donde trabajaba un ingeniero estadounidense, llamado Jennings Cox, conocido por ser el padre del cóctel Daiquiri: una vez que se acababa la ginebra, el ron era la bebida que se encontraba con facilidad en la zona y así un día el ingeniero Cox, cuando un capitán del Ejército Libertador visitaba al gerente, en sus minas, luego de largas caminatas y charlas, coincidieron en la urgencia de un trago frío, revolviendo y agitando lo que tenían cerca, ron con un poco de zumo de limón de la zona y un poco de azúcar, para que la bebida no fuera tan fuerte, creando así un sour de ron.

En principio este cóctel no tenía un nombre propio. Fue un ingeniero italiano, Giacomo Pagliuchi, colega de Cox, quien lo bautizó con el nombre de “daiquiri”, en honor a las minas donde trabajaba su amigo.

Ellos mismos lo trasladaron al bar del desaparecido Hotel Venus, en Santiago de Cuba, conocido como Bar Americano, y allí se lo comentaron al cantinero, quien inmediatamente comenzó a preparar el Daiquiri para los presentes.

Esta bebida obtendría la fama internacional algunos años después, en 1909, cuando el almirante Lucius W. Johnson, quien había probado la bebida en Cuba, la llevó al Club del Ejército y de la Marina en la ciudad de Washington.

El cóctel era popular en Santiago de Cuba y de allí Emilio González (Maragato), cantinero de origen español que trabajaba en el hotel Florida en la Habana Vieja, en una visita que realizó, lo trasladó a La Habana; éste lo popularizó y a su vez se lo dio a conocer a su amigo Constantino Ribalaigua (Constance), que para entonces era el propietario del Floridita, quien se entusiasmó y comenzó a trasformar el cóctel, creando varias combinaciones hasta que finalmente sale el Daiquirí Frappé.

A principios del siglo XIX, existía un bodegón típico de esa época donde se servían bebidas tradicionales y que tuvo siempre una gran aceptación, debido en parte a su estratégica ubicación cercana a la Plaza de Albear en la zona conocida como La Habana Vieja, conocido como La Piña de Plata.

Cien años más tarde, una curiosa anécdota transforma la historia del citado establecimiento. En 1915, Serafín Parera Coll, un emigrante catalán que había hecho fortuna en México, regresaba a España. A su llegada al puerto de La Habana se sintió enfermo y no pudo continuar el deseado viaje. Tiempo después fallecía en la capital cubana, siendo el primer miembro de la familia Sala. La herencia del legendario emigrante pasó a manos de sus sobrinos, siendo el mayor de ellos, Narciso Sala Parera (1879-1953), a quien le correspondió la administración de la inesperada fortuna familiar, de cierta importancia en aquella época.

Así, en 1918, la citada Piña de Plata pasó a manos de los hermanos Sala Parera. Años después, El Café, como se le llamaba en la familia Sala al negocio, pasó a denominarse Café Restaurante La Florida. . El edificio, fue reconstruido en 1989 siguiendo los planos de su arquitectura original, con una conocida barra de madera de caoba maciza realizada en los años veinte del siglo pasado.

Entre sus empleados se encontraba un joven de Lloret de Mar -ciudad natal de la familia Sala- llamado Constante Ribalaigua Vert, que pasó del oficio de aprendiz a ocuparse en exclusiva del bar y, en especial, de la preparación de las bebidas que se servían a los clientes, que eran cada vez más numerosos.

Quienes acudían al Bar Florida, posterior El Floridita, solicitaban frecuentemente que Constante les preparara un daiquirí, dándole nombre propio a ese cóctel que tuvo cada vez más aceptación y prestigio. Al Floridita se le conoce como “la cuna del daiquirí”, por ser el lugar donde se creó este cóctel combinando en una receta específica los ingredientes primitivos.

Un visitante ilustre, Ernest Hemingway (1889-1961), fue uno de los clientes habituales del establecimiento, hace mención del cóctel daiquirí en alguna de sus novelas, donde dice que era asiduo del bar llamado La Floridita, que abrió en 1817 con el nombre de La Piña de Plata, donde mojaba sus letras con este colorido cóctel.

En el año 1935 El Floridita cambia de dueños y, hasta su nacionalización por las autoridades cubanas en la década de 1960, Constante Ribalaiagua Vert y sus herederos fueron los socios mayoritarios.

Después, una serie de estrellas de cine, de intelectuales y políticos, todos difusores vienen a Cuba y luego al Floridita a tomar Daiquirí. No podemos dejar de mencionar en primer lugar al Nóbel Ernest Hemingway, que dijo de su fabuloso cóctel, de todos los días: “esta bebida no puede ser mejor, ni siquiera parecida, en ninguna parte del mundo”. Ocupando durante 20 años la misma butaca del bar, donde hoy aparece una representación suya de bronce y enfrente servido, esperándolo, un fresco Daiquirí a la moda Hemingway, es decir, doble medida de ron, sin azúcar, un poco de jugo de toronja, el jugo de medio limón y para coronar la cascada de hielo frapé con media cucharadita de marrasquino.

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